lunes, 30 de septiembre de 2013

Los Cristeros del Volcán de Colima; Actitud Altanera del Gobernador Solorzano Bejar

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA

Extracto y más información en http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/colima/1_2.html

LIBRO PRIMERO CAPITULO TERCERO
ACTITUD ALTANERA DEL GOBERNADOR SOLORZANO BEJAR... 

Primero se dirigieron al hotel Carabanchel, ubicado en esos días en la actual calle de 5 de Mayo, No. 36, en donde estaba hospedado un Delegado de la Federación que se decía enviado a Colima para estudiar los acalorados problemas de la Entidad. Todavía en esos días se creía en la justicia y en la honorabilidad de representantes y delegados, esperándose que, vencidos por los argumentos que habrían de exponerse y por tan gallarda actitud del pueblo, intervendrían para que se lograse lo que Colima exigía.
Frente al hotel, sobre una mesa que de allí mismo se sacó, tomaron la palabra la poetisa María del Refugio Morales y don Margarito Villalobos. 
La muchedumbre llenaba materialmente, en masa compacta, toda la calle, de muro a muro y, a lo largo, en muchas cuadras. Con vibrante verbo se expuso al Delegado recién venido la indignación de Colima por aquel atropello a sus sentimientos más queridos, y se pedía su intervención para que se hiciese justicia al pueblo.    
El Delegado escuchó con atención y se disculpó diciendo que el gobernador Solórzano Béjar estaba dispuesto -que se lo había asegurado a él- a atender la voluntad de los colimenses, y aun a renunciar al Gobierno del Estado si palpaba que no era hombre grato; y creyendo las palabras del hombre que mentía desde el balcón del hotel, optimistas y presurosos, se dirigieron todos apretadamente, a lo largo de más de cuatro cuadras, al Jardín de la Libertad, hasta frente al Palacio de Gobierno para hablar al Gobernador.
EL JARDÍN DE LA LIBERTAD
Cuando los manifestantes llegaban, ya había en las cuatro entradas del jardín, camiones llenos de soldados armados. ¡Principiaba a oler mal! Sobre las azoteas de Palacio la policía tomaba sus puestos. 
En los balcones había también policías y civiles armados y aun los mismos Diputados, autores del infausto decreto.    
La multitud, algo desorientada por aquel aparato imprevisto de fuerza bruta, penetró en la plaza e invadió los jardines, con sus callecitas y sus prados y aun los portales.
La voz sonora de María del Refugio Morales, trocada en esos momentos en directora y cabeza de aquella inmensa muchedumbre, se impuso en la multitud, y la decisión, entereza y gallardía colimenses lucieron con brillantez, así como lucía sobre la ciudad un brillante y candente sol de primavera.
Las mujeres vestían sus trajes claros y vistosos; y sombrillas blancas y de colores, multiplicadas en la muchedumbre, en manos de las damas colimenses, bullían sobre aquella multitud ferviente, dando al jardín de la Libertad un elegante y pintado aspecto de la más popular de las fiestas.   
De pie, sobre la banqueta del jardín, Cuca Morales, con intrepidez de heroína, principió su discurso, mientras todo un pueblo, en unánime plebiscito, respaldaba su gesto gallardo.
Y Solórzano Béjar -el gobernador- salió al balcón central de Palacio, rodeado de la camarilla de sus más adictos. Por muy breves momentos escuchó con visible nerviosidad, y luego, golpeando con ambas manos el barandal de hierro, principió a gritar colérico contra el pueblo:
Mis órdenes se cumplirán, pese a quien pese y sabré hacerme respetar: Ni el clero, ni el pueblo, ni nadie, sabrán doblegar mi voluntad. Así dijo con altanería. 
Continuará......












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