martes, 13 de mayo de 2014

Los Cristeros del Volcan de Colima, Multitudes Peregrinas

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
Libro primero capítulo quinto concluye e inicia el capitulo sexto “MULTITUDES PEREGRINAS”
Viene de la edición anterior.
Entre tanto, en la capital del Estado, permanecían el Vicario General Mons. don Francisco Anaya y el Padre Secretario don J. Jesús Ursúa. Estos dos ameritadísimos Sacerdotes fueron en aquellos amargos días, algo más que el brazo derecho del anciano obispo; ellos se enfrentaban personalmente a los tiranos para defender los derechos de la Iglesia; ellos recibieron en su propio rostro el escupitajo de
horribles injurias de los enemigos; ellos, en los momentos más angustiosos, cuando por las circunstancias no había tiempo y manera de acudir al Prelado, reunían a su Clero en sesión plena para deliberar; pedían opiniones y se mostraban siempre con tan heroica valentía, que el más descorazonado sentía luego ánimo y vigor.

MULTITUDES PEREGRINAS EN BUSCA DE JESUS 

Así, en medio de tantas y tan grandes dificultades, pasaron los meses de abril y mayo. Vino junio, el mes del Sagrado Corazón de Jesús, y su Novenario y Fiesta. En Colima no había un Sagrario en público, no obstante que, en privado, donde los fieles no lo sabían, completamente en oculto, sí se guardaba el Smo. Sacramento para llevarlo por viático, afrontando mil peligros, a los enfermos graves. En la atención de
los enfermos se distinguió por su celo y atrevida caridad pastoral, el Padre don Tiburcio Hernández, Vicario del Templo de Ntra. Señora de la Salud. Los fieles de todo Colima recibían servicios suyos. Pero el Corazón vivo de Jesús no latía en ninguno de los tabernáculos de los templos y, sin embargo la fe de aquel pueblo huérfano, el amor al dulcísimo Jesús ausente se había agigantado y era preciso ir en busca de El. El piadosísimo pueblo de Colima, no podía vivir sin El.
A Tonila, pues, en donde había todavía culto público, fueron los fieles a desahogar los sentimientos de su alma, a celebrar las fiestas del Corazón Divino de Jesús Rey. Los días del novenario se distribuyeron entre los principales pueblos del Estado mártir. Todos los días iban, en compacta peregrinación, los habitantes de la parroquia, pueblo o ciudad a que tocaba el turno; en los caminos, el río de gente no se interrumpía, ya en caballos o asnos y aun a pie, según las posibilidades de cada uno. 
El simpático pueblo de Tonila rebosaba de gente de fuera que iba a adorar, a bendecir, a desagraviar a Jesús, a recibirle en su pecho, a estrecharle en el Corazón, quizá por última vez.
Gran número de los sacerdotes de Colima estaba allí en Tonila para atender a los centenares y aun a millares de cotidianos peregrinos. Hubo ocasión en que todo el día se estuvo confesando, en seis o siete confesionarios a la vez, y la multitud, deseosa de acercarse al sacramento de la Penitencia, no se agotaba. Hubo noches en que los sacerdotes estuvieron confesando sin interrupción, desde la Hora Santa del día anterior, hasta la Misa del siguiente, y aún así, muchísimos hombres quedaban sin poder recibir los Sacramentos.
. CONTINUARÁ















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