domingo, 28 de mayo de 2017

Los Cristeros del Volcán de Colima; Andres Salazar y sus valientes cristeros

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA

Crónica del 27 de abril al 2 de agosto de 1927

Libro Cuarto Capitulo Tercero

El Gral Andrés Salazar y sus valientes Cristeros

LA MISIVA
Y Angelita Gutiérrez llevó al Gral. Dionisio Eduardo Ochoa, unas breves letras del Padre su hermano en que le daba la nueva de que el Sr. Uribe -Pro-Vicario General- le había permitido irse con ellos de capellán. Que él dijera dónde y cuándo lo recogían.
El Gral cristero Dionisio Ochoa saltó de gusto; pues sabía cuán necesario era el sacerdote en las filas de la cruzada; porque el único sostén y consuelo en medio de tan atroces circunstancias, es Jesucristo, de quien es verdadero ministro el sacerdote.
Sin demora ninguna, envió a decir al Padre su hermano que el sábado 7 de ese mismo mes, por la noche, estarían para recogerlo, en la hacienda de Buena Vista, en la casita de la Srita. Julia Ochoa, pariente de ellos. Y, cuando al día siguiente el Gral. Ochoa regresó a su cuartel, establecido provisionalmente en la Galera, entre la hacienda de San Antonio y el pueblo de San José del Carmen, Jal., y a hora y media de distancia de la Mesa de la Yerbabuena, donde había dejado a sus soldados días antes, les llevó la nueva:
El Padre, mi hermano, se vendrá con nosotros, vamos a ir por él.
A LAS PUERTAS DE COLIMA
Entre tanto, por mandato del mismo Ochoa, con objeto de llamar la atención del perseguidor en otras partes, para que aquellas innumerables familias que huían pudiesen tener reposo, y se pudiesen establecer en algún lugar adecuado, Andrés Salazar Gutiérrez, al frente de sus valientes cristeros, haciendo un acto de arrojo, no obstante los sufrimientos de los días apenas transcurridos, se acercó el 3 de mayo a Colima y entró a Villa de Álvarez, pequeña población: a tal grado vecina de la capital, que el caserío ni siquiera llega a cortarse. 
El pánico que se apoderó de los servidores y asalariados del callismo, al tener a los libertadores cristeros a quienes se creía por completo despedazados, a las puertas de la ciudad, fue terrible. Todos corrían de aquí para allá sin encontrar lugar seguro, buscando en dónde esconderse por si el avance continuaba. 
Se cerraron las oficinas públicas: el Palacio de Gobierno, los juzgados, etc., sirvió esto, además, para desbaratar las mentiras de los enemigos que, proclamando a los cuatro vientos su victoria, declaraban haber acabado con la rebelión cristera.
También los libertadores de Telésforo Plasencia, con el mismo fin, abandonaron la zona del volcán y marcharon a sus regiones de Tuxpan, Jal.... 
Continua “POR SU NUEVO PADRE CAPELLAN”  Libro 4 Cap  Tercero
























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