sábado, 29 de octubre de 2016

Los Cristeros del Volcán de Colima, Región de los Volcánes con las voces del cielo

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
LAS VOCES DEL CIELO
Viene de la edición anterior # 375
"Del 6 de enero al 27 de abril de 1927"

La región que los muchachos acejotaemeros escogieron para iniciar la gesta cristera, fue la de las faldas del sudeste del Volcán de Fuego de Colima en donde está Caucentla, Jal.
Bella era esta región y en todo sentido la más hermosa en toda la Diócesis de Colima. Sus valles de primoroso verde, ya cubiertos de extensos cañaverales o maizales, con sus bosques casi vírgenes de pinos y laureles; con su multitud de pequeñas aldeas en donde abundaban las casitas de techo de zacate; pero rodeadas de flores con sus jardines y enredaderas que aun sobre sus techos trepaban. Bella también esa región por la condición de sus moradores que, aunque humildes y sencillos, eran cristianos a carta cabal. Quien a aquella gente conoció, cuando esos pequeños poblados existían, quedaba admirado de cómo, en pleno siglQ de corrupción, se conservase allí una vida limpia y cristiana. Su piedad y su fervor eran singulares y su fe en extremo vigorosa y particularmente ilustrada; pues casi no había quien no conociera satisfactoriamente la doctrina cristiana. Muchísimas veces aquellos rancheros, tal vez en la mayoría de las ocasiones, no sabrían dar razón del porqué de sus juicios; pero sí acertaban en dónde estaban el bien, la verdad, la justicia, y con toda firmeza, llenos de la fortaleza del cielo, se adherían a ello y lo defendían con santa y noble entereza.
A esa región no había entrado por aquellos días el agrarismo que ya en ese tiempo, no por lo que es en sí, sino por los métodos con que el Régimen Revolucionario lo había implantado, tenía asolada a casi toda la República.
En tiempos de paz, aquellas aldeas respiraban alegría, sencillez, bienestar, y cuando algún Sacerdote los visitaba, casi todos los rancheros, no sólo del poblado visitado, sino de las aldeas vecinas, inundaban la pequeña capillita y hacían que el Sacerdote perseverase, oyendo confesiones, hasta muy altas horas de la noche; porque todo el mundo, en esas oportunidades, no dejaba de aprovechar la ocasión para poder comulgar. Muchas veces durante el temporal de aguas, como la capillita era insuficiente para contener a toda aquella gente, todos los que no alcanzaban lugar dentro del santo recinto se quedaban fuera, aun bajo la inflúencia de una lluvia persistente, para no dejar de oír la Santa Misa y recibir la Sagrada Comunión. Y aquella capillita, en aquel día en que tenían a Jesús Sacramentado por huésped, ni un momento estaba sola, ni de día, ni de noche, y a todas horas, dentro y aun fuera de ella, rezaban y entonaban cánticos piadosos. Continuará























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