Mostrando entradas con la etiqueta Dionisio Eduardo Ochoa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dionisio Eduardo Ochoa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de enero de 2016

Dionisio Eduardo Ochoa pide aprobación para ir al frente de "Los Cristeros del Volcán de Colima"

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
Viene de la edición anterior # 356
"LOCURA DIVINA", "LA OBLACIÓN"
Libro segundo capitulo tercero
La Alborada del Movimiento Cristero
 Es cierto -contestó con cierta reserva y aun timidez el hermano Sacerdote, ya adivinando un poco el desenlace del diálogo que principiaba.
Y durante algunos momentos se guardó silencio angustioso. El Padre no dijo una palabra más y Dionisio Eduardo, su hermano, no encontraba cómo continuar.
En la obscuridad del angosto y largo patio de la casa, lleno de arbustos y plantas, los ojos de ambos estaban clavados, sin ver nada, sin fijarse en nada; porque el problema que con los ojos del alma veían muy al frente, era tremendo.
- Oye -continuó Dionisio Eduardo, dándole forma de consulta, de pregunta, de consejo, cortando así aquel silencio-. ¿Y si yo mismo me pusiese al frente del movimiento?
Los ojos de Dionisio Eduardo Ochoa brillaron y, de la obscuridad del patio a donde estaban dirigidos, se volvieron fijos, aunque tímidos y escrutadores, hacia los de su hermano el Sacerdote.
- ¿Tú?
- Sí, yo; ya ves que no hay más. Pero lo que tú digas. ¿Tú qué opinas?
- Mira, yo de ninguna manera me opondría. Es empresa santa, es resolución que no puede venir sino de Dios: yo no tendría ningún derecho a impedirla. Si ya lo has pensado, si te resuelves, yo de mi parte te doy mi aprobación y mi bendición, mi bendición de Sacerdote y hermano mayor.
- Sí, ya lo tengo pensado y sí me resuelvo.
- Pero advierte la magnitud de la empresa. No tienen armas, ningunos recursos tienen, nada tienen y ustedes no son muchachos de montaña: tendrán que sufrir mucho. Luego, por otra parte, los enemigos se van a echar sobre ustedes con toda su maquinaria. Va a ser algo tremendo, como casi no imaginamos en estos momentos. 
Además, gran parte de los nuestros, aun de estos mismos señores que alardean de creyentes, pero que tienen dinero, y aun algunos Sacerdotes -ya el señor Canónigo Uribe me lo decía como te he contado- se convertirán en enemigos del movimiento armado. 
Todo va a ser a base de sólo Dios sabe qué sacrificios, más aún de la vida. Yo no creo que ustedes salgan con vida. Si estás resuelto a aceptar todos los sacrificios que sean necesarios, por tremendos que sean, aun el ofrecimiento de la vida, está bien. De otra manera, yo creo que no.
- Sí, estoy dispuesto -dijo Dionisio Eduardo con voz apenas perceptible, pero decidida.y firme.
- Bueno, que Dios' te bendiga. Yo pediré a Dios Nuestro Señor mucho por ti. ¿Qué más puedo hacer?













¿Deseas bajar a tu computadora esta edición completa?
Dale clic a la siguiente imagen y sigue las instrucciones


Aquí puede bajar también la edición de esta fecha, 
solo dele click a cualquier imagen siguiente:

miércoles, 29 de julio de 2015

Los Cristeros del Volcán de Colima, Dionisio Ochoa Asistente de la ACJM

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
Viene de la edición anterior y termina el capitulo primero del libro segundo
DIONISIO OCHOA Asistente de la ACJM

EL ENTONCES ASISTENTE ECLESIASTICO DE LA A. C. J. M.
El Padre don Enrique de Jesús Ochoa, el hermano de Dionisio Eduardo, hacía ya como tres años que era el Asistente Eclesiástico de la A. C. J. M. De aquí que, precisamente por esta circunstancia, era él, por aquellos días, el Sacerdote colimense que estaba más en contacto con el pueblo que abierta y decididamente luchaba por abatir la fuerza de la
persecución sectaria y obtener la libertad religiosa, ya que, como se ha dicho en páginas anteriores, la organización providencial que en este tiempo surgió para encauzar la defensa, era la Liga Nacional de la Libertad Religiosa, cuyos dirigentes nacionales se encontraban en la ciudad de México, a la cual los muchachos de la A. C. J. M., no sólo por el propio empuje y ardor de sus almas, sino por disposición oficial de su Comité Nacional, tuvieron que pertenecer. Y no únicamente pertenecieron, como perteneció el pueblo en general -niños y ancianos, damas de la aristocracia y mujeres de la más humilde condición, la juventud femenina, al igual que la masculina-, sino que fueron, casi en todas partes, con muy pocas excepciones, los jefes de primera línea que acaudillaron y organizaron a los demás, poniendo ejemplo luminoso de valentía, decisión, firmeza de fe y grandeza de espíritu.
En el Estado de Colima, como se ha dicho, es cierto que el jefe de la Liga era. el señor don Teófilo Pizano, meritísimo y culto caballero que con grande entereza, abnegación y tino desempeñó su cometido; pero el jefe local, sobre cuyos hombros cargaba la organización y todo el trabajo de los colimenses de la ciudad: impresión de propaganda, distribución de ella burlando toda la vigilancia y el poderío de la desenfrenada máquina revolucionaria, organización aun de los actos religiosos de los templos que encabezaban distinguidas señoritas de la ciudad, protestas, manifestaciones, etc., etc., fue siempre un joven de la A. C. J. M.
En esos días, que eran los de mayor trabajo y en que se requirió más esfuerzo y se vivió bajo mayores peligros, esta Jefatura Local estaba a cargo del joven acejotaemero Antonio C. Vargas de apenas 20 años de edad, a quien sus demás compañeros de A. C. J. M. secundaban con valentía festiva y jovial decisión.
EL NEXO PROVIDENCIAL
Y Dionisio Eduardo Ochoa, no obstante que hacía 14 meses que se encontraba en la Perla Tapatía, no por eso había perdido el contacto con Colima, sino que, antes bien, había sido el providencial nexo entre los luchadores acejotaemeros colimenses y los luchadores tapatíos, para estrechar más los lazos de mutua cooperación en los planes que se organizaban.
De esta suerte, Dionisio Eduardo Ochoa, en cada una de sus visitas a Colima, traía verbalmente noticias y orientaciones a los colimenses con las cuales se enardecía más su ánimo y se encauzaba mejor su actividad. Perfectamente se comprendía por todos que el triunfo en contra de los enemigos de la Iglesia y de la Patria y la salvación de las esencias de ésta, no tendría que ser fruto solamente del esfuerzo del pueblo católico, sino de su unión y disciplina, en cuanto a factores humanos.
Termina el capitulo primero, continuará el capitulo 2, sobre las primeras noticias en colima del movimiento cristero.











¿Deseas bajar a tu computadora esta edición completa?
Dale clic a la siguiente imagen y sigue las instrucciones

Aquí puede bajar también la edición de esta fecha, 
solo dele click a cualquier imagen siguiente:




miércoles, 15 de julio de 2015

Cristeros del Volcán de Colima, Vida cristiana de Dionisio Eduardo Ochoa

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
Viene de la edición No 344
LA VIDA DE DIONISIO EDUARDO OCHOA

SU VIDA CRISTIANA
En lo particular, Dionisio Eduardo, en su vida de estudiante tapatío, acrisoló su vida de unión con Cristo. El sabía que la fuente de la gracia para ser leal y viril y alegre en la vida, con la alegría de los hijos de Dios, se tiene en la Eucaristía; y así todas las mañanas, oía la Santa Misa y, con recogimiento y unción, recibía la Santa Comunión. 
Siempre que por alguna circunstancia no había ningún impedimento, se presentaba en la sacristía, momentos antes de principiar el acto religioso, besaba la mano del Sacerdote y se ofrecía a ayudar la Misa. La práctica de la Comunión diaria, aunque ya venía de más lejos, había sido uno de sus propósitos que dejó escritos, entre otros, en los últimos Ejercicios Espirituales que hizo en Colima en la Pascua de 1925.
Ingresó a la Congregación Mariana de Jóvenes establecida allí en Guadalajara en el Templo de San Felipe, contiguo a su Escuela Preparatoria y, para todos sus amigos, fue el jovial y leal compañero: a muchos de ellos llevó a la Congregación Mariana y a la Comunión frecuente; les aconsejaba con frecuencia y reprendía sus errores.
A su hermano el Padre don Enrique de Jesús trataba con mucho afecto y respeto: le miraba con cariño de verdadero amigo a quien confiaba fraternalmente sus problemas y penas, al par que con respeto, más aún, con docilidad de hijo.
En cierta ocasión su hermano el Padre don Enrique de Jesús, apenado al verlo entre tantos peligros morales, le escribió desde Colima una larga carta haciéndole algunas recomendaciones y advertencias. Dionisio Eduardo contestó en seguida:
Querido hermano: Recibí tu filípica ... No tienes por qué mortificarte muchote: cuando trabajé en ésa, en el Gobierno, ¿estaba entre santos? Así como con la ayuda de Dios no cambié allá, así espero no cambiar aquí.
Continuará.
















¿Deseas bajar a tu computadora esta edición completa?
Dale clic a la siguiente imagen y sigue las instrucciones

Aquí puede bajar también la edición de esta fecha, 
solo dele click a cualquier imagen siguiente: