Mostrando entradas con la etiqueta Cristeros del Volcan de Colima. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cristeros del Volcan de Colima. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de febrero de 2016

Los Cristeros del Volcán de Colima, ultima tarde en Colima

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
Viene de la edición anterior
A ULTIMA TARDE EN COLIMA
La última tarde antes de emprender el camino hacia las serranías para iniciar su vida bélica -era el miércoles 5 de enero de 1927-, Dionisio Eduardo Ochoa y sus compañeros, decididos y entusiastas, la pasaron no sólo tranquilos, sino extraordinariamente alegres y festivos. 
Fueron e hicieron ellos tres, en el devoto Templecito de La Salud, una bien preparada confesión con el Padre D. Tiburcio Hernández a quien comunicaron sus secretos. Después, quienes no tenían el escapulario de Ntra. Señora del Carmen, quisieron recibirlo como santa protección. Así aconsejó su Padre Asistente -el Asistente Eclesiástico de la A. C. J. M.-, el cual les hizo reflexionar sobre la promesa de la Sma. Virgen:
El que muera llevando devotamente el santo Escapulario, no morirá en pecado, no padecerá el fuego del infierno. Lleven siempre -añadió- el Escapulario de la Virgen. Ella los protegerá en la vida y en la muerte.
Después, Dionisio Eduardo Ochoa, Antonio C. Vargas y José Ray Navarro, el amigo de ambos, fueron a la estación del ferrocarril. Por una parte, necesitaban algo de distracción, pues los días anteriores habían estado demasiado cargados de problemas tremendos. 
Por otra, necesitaban algunos informes que allá podían recabar, más que ellos pretendían, como primera hazaña suya, dinamitar algún puente, aunque fuese de los pequeños, de la vía del ferrocarril, entre Colima y Guadalajara, para llamar la atención sobre esta entidad y que no se cargase toda la fuerza militar federal sobre los grupos de insurgentes católicos que en otros lugares de la República habían iniciado ya sus actividades bélicas.

















¿Deseas bajar a tu computadora esta edición completa?
Dale clic a la siguiente imagen y sigue las instrucciones
Aquí puede bajar también la edición de esta fecha, 
solo dele click a cualquier imagen siguiente:

lunes, 30 de noviembre de 2015

El Telegrama Esperado Los Cristeros del Volcán de Collima


EL TELEGRAMA ESPERADO
A la mañana siguiente -lunes 3 de enero-- muy temprano, se presentó en la casa de Dionisio Eduardo Ochoa y del Padre su hermano, Antonio C. Vargas, el joven acejotaemero jefe de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa de quien, en páginas anteriores, se ha hecho mención. Iba festivo, creyendo ser él el que iba a dar la primera noticia de la inminente fecha del movimiento armado, llevando en sus manos el telegrama anunciador, desde hacía tiempo esperado. 
En clave decía que el 5 de ese mismo mes había necesidad de iniciar el movimiento armado y que era urgentísimo que Colima se presentase en ese día en pie de lucha, para que los de Jalisco y otras entidades no fuesen a quedar solos.
En esos días de febril agitación, fue aquella casa -la de la calle República Núm. 171-, verdadera jefatura de la cruzada, la hoguera de tos santos incendios. Allí estuvo Jesús Sacramentado en ese triduo angustioso, al pie de cuyo Sagrario se oraba con fervor y grandeza de alma jamás tenidos.
La máquina de escribir trabajó en aquella mañana del lunes 3, con rápido martilleo, haciendo copias de la Proclama del movimiento y cartas diversas. 
Cuando estuvieron hechas, salieron tres propios, tres muchachos de la A. C. J. M., escogidos de entre los que se juzgaron más a propósito: José Verduzco Bejarano, joven estudiante, quien salió, a pie, a Zapotitlán, Jal., para
entrevistar a Don Juan Flores -el indio de Santa Elena-, a quien llevaba no sólo propaganda e instrucciones, sino su nombramiento de jefe local del movimiento en aquella su región, firmado por Dionisio Eduardo Ochoa y Rafael G. Sánchez, delegados en Colima para organizar el movimiento bélico. Otro enviado -Aarón Montaño-- fue a Manzanillo, llevando, de semejante manera, el nombramiento, con sus respectivas instrucciones y propaganda, para Tranquilino Corona, de Cihuatlán, Jal., y el tercer enviado -J. Jesús González Torres- marchó al Cerro Grande.
En Cerro Grande, apenas un año hubo un brote bélico en contra del gobierno de Solórzano Béjar, conflicto que había dado buen problema al gobierno del Estado cuya gendarmería, al mando de su comandante J. Jesús Alcocer, había sido, en varias ocasiones, duramente escarmentada. 
Por aquellos días aquel brote se había apagado; pero Dionisio Eduardo Ochoa tenía esperanzas de que su jefe, al verse respaldado por un movimiento nacional, se pusiese de nuevo en pie de lucha. Sin embargo, nada se obtuvo. Más aún, estos dos últimos enviados, Aarón Montaño y Jesús González Torres, ni siquiera volvieron a dar parte de su cometido y nada se supo durante todo el tiempo de la epopeya Cristera, con relación al resultado de su comisión; pues encontraron dificultades serias que no pudieron solucionar. 
En cambio Verduzco Bejarano -muchacho de unos 19 años de edad en esos días- regresó al día siguiente, cumplida satisfactoriamente su comisión. Con un abrazo de felicitación fue recibido por el éxito que alcanzó: Zapotitlán, Jal., sabría responder.
....... CONTINUARÁ......


























¿Deseas bajar a tu computadora esta edición completa?
Dale clic a la siguiente imagen y sigue las instrucciones

Aquí puede bajar también la edición de esta fecha, 
solo dele click a cualquier imagen siguiente:

domingo, 27 de septiembre de 2015

Los Cristeros del Volcán de Collima, Listos como bala

LOS CRISTEROS 
DEL VOLCÁN DE COLIMA
Viene de la edición # 349
"LISTOS COMO BALA"
LA NOCHE DEL AÑO NUEVO
El año nuevo -1° de enero de 1927- fue esperado en oración al pie del pequeño sagrario, allí en aquel mismo domicilio de la calle República a que nos venimos refiriendo, por el Padre don Enrique de Jesús Ochoa, su hermano Dionisio y algunos otros muchachos de la A. C. J. M.
Se sabía, con seguridad, que grandes acontecimientos de tremenda trascendencia estaban ya a las puertas y que ellos -los que oraban- tendrían en aquellos sucesos parte principalísima. Sin embargo, parece que, en aquellos momentos, ninguno veía claro la participación que en el conflicto armado tomaría. Ni el mismo Dionisio Eduardo Ochoa que al salir de Guadalajara, pocos días hacía, con motivo de sus vacaciones de Navidad, traía la consigna de ayudar a los colimenses a organizar el Movimiento Armado, sabía que era el destinado por Dios para ser el protagonista de la epopeya cristera en tierras de Colima. ¡Qué sabía él de hazañas guerreras de montaña! ¡Qué sabía él de correrías bélicas! El iba a ayudar -pensaba- en todo -lo que fuera necesario, en todo' lo que se le ocupara, en todo lo que se pudiera, principalmente en imprimir a la Cruzada el espíritu genuinamente cristiano que era menester llevar.

En verdad, se había pensado en otros jefes militares que ya en épocas anteriores hubiesen sido guerrilleros; se había pensado en Tranquilino Corona, de Cihuatlán; en Juan Flores, de Zapotitlán, y en el Dr. Miguel Galindo, de esta ciudad de Colima.
Parece que el médico Galindo -sin que el que esto escribe pueda con toda seguridad afirmarlo, ni sea posible confirmarlo- estaba ya en el secreto. 
Así lo dedujo, casi sin temor de equivocarse, de muchas conversaciones oídas, de muchos cabitos sueltos reunidos y atados; pero el doctor Galindo no estaba en Colima en esos días: había salido a la ciudad de México. De aquí que, lo único que los muchachos veían con seguridad, con rasgos definidos, en el cielo de su vida, era la cruz de luz que en el cielo de Japón vieron Felipe de Jesús y sus compañeros cuando el galeón que los conducía era arrastrado hacia allá por la tempestad; cruz de luz que significaría triunfo, triunfo espléndido, pero a costa de ofrendarse como víctimas.
LISTOS COMO BALAS
La razón de tal perplejidad en estas cosas y de que ni los mismos muchachos que fueron los protagonistas supieran a ciencia cierta cómo se habrían de desarrollar los acontecimientos, era que no sólo existía la Liga Defensora de la Libertad Religiosa que en todo el territorio nacional organizaba y dirigía el magno y cOmplicadísimo movimiento de defensa, sino que, principalmente en el occidente, sobre todo en Michoacán y Jalisco, pero con ramificaciones en Colima, existía una organización secreta conocida con el nombre de la U, que al terminar el movimiento desapareció.
Ambos organismos, por lo general, se completaban y marchaban de acuerdo y se obtenía una maravillosa unidad, sobre todo si una y otra jefatura -la de Liga y la de U- eran llevadas por una misma persona o un mismo comité, pero muchas veces no fue así y resultaron, desgraciadamente, como era inevitable, fricciones y resquebrajaduras que todo el movimiento resintió y que los mismos católicos que luchaban lamentaban, sin saber explicarse tales cosas. En Colima pertenecieron a la U algunos prominentes señores de los Caballeros de Colón; pero la A. C. J. M., casi en su totalidad, aun con su Asistente Eclesiástico, quedó al margen. ¡Quién se iba a fiar, humanamente, de los muchachos! Pero lo que ante el mundo nada vale es -lo decía ya Pablo de Tarso- lo que el Señor elige para sus grandes designios. Por eso aquí en Colima nuestros muchachos acejotaemeros sólo sabía'n lo que iba a suceder; solamente sabían que habrían de cooperar y únicamente esperaban instrucciones. Para el trabajo, para la aventura, para la lucha y el sacrificio estaban como balas, listos para dejarse ir en la dirección que se les indicase.



















¿Deseas bajar a tu computadora esta edición completa?
Dale clic a la siguiente imagen y sigue las instrucciones

Aquí puede bajar también la edición de esta fecha, 
solo dele click a cualquier imagen siguiente: