lunes, 14 de octubre de 2019

Los Cristeros del Volcán de Colima; "El Cura Sedano"

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
Viene de la edición anterior
Spectador libro 5, inicia

*Mi sangre sacerdotal; El padre Don Gumersindo Sedano, capellan del grupolibertador  de Tuxpan y Tamazula; mas sangre juvenil Martín Zamora y Salvador Vizcaino.. 

El día 7 de septiembre el Padre don Gumersindo Sedano, Capellán del Grupo Libertador de la región de Tuxpan y Tamazula, de quien en el Libro tercero de esta obra se habló, se encontraba en Ciudad Guzmán, Jal., a donde había entrado con el fin de proveerse de cosas que le eran necesarias y de atender algunos asuntos. 
Oculto en una casa amiga se encontraba en unión de cinco cristeros pertenecientes al grupo a que él prestaba, tan heroica y caritativamente, sus servicios sacerdotales.
Como se ha visto por nuestros lectores en páginas anteriores, propiamente por esos días, había estado ailí en Ciudad Guzmán, Jal., proveniente de sus campamentos del Volcán de Colima, el general Dionisio Eduardo Ochoa acompañado de algunos soldados de su escolta, con el fin de entrevistarse con Javier Heredia, el Jefe Representante del Comité Especial de Guerra de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. 
Esa llegada del jefe cristero Ochoa había sido conocida por los callistas y había provocado serio movimiento militar de ellos y, en patrullas, se estuvo recorriendo la ciudad, registrando los lugares que creían sospechosos.
El general Dionisio Eduardo Ochoa había logrado salir el día 6 por la noche; pero el Padre Sedano, que también se encontraba allí en la ciudad, fue descubierto y denunciado.
Se dice que una mujer perversa, una anciana de corazón miserable, fue la que, después de haberse dado cuenta de la presencia del sacerdote y de los cinco libertadores, en la casa en donde se alojaban, se presentó ante los perseguidores, reclamó de ellos una gratificación mezquina, e hizo la denuncia.
HACIA LA MUERTE
Lo cierto es que a la puerta de la casa en donde el Padre Sedano estaba posado, se presentó, en la mañana del día 7 de septiembre, de manera intempestiva, un camión lleno de soldados del callismo, que descendieron con prontitud y entraron tumultuosamente en la casa, haciendo prisioneros al sacerdote y a los cinco cristeros.
Al instante que cayó en manos de los perseguidores, comprendió el Padre Sedano cuál iba a ser el fin del suceso y ya no pensó sino en prepararse a morir; contempló muy cerca la palma del martirio y su alma se llenó de júbilo indecible. Los enemigos les obligaron a subir al camión en que ellos habían ido, para llevarlos prisioneros hasta el cuartel en donde el capitán Urbina esperaba ansioso el resultado. El Padre sacó su rosario y con él en las manos se puso a rezarlo en voz alta. De vez en cuando prorrumpía en exclamaciones y cánticos piadosos y con todo el fervor. del alma y la fuerza del pecho: ¡Viva Cristo Rey!, gritaba, ¡Viva Santa María de Guadalupe! ¡Viva el Papa!
Corazón Santo, Tú reinarás, México tuyo siempre será.
Y mientras más los soldados trataban de hacerle callar, él, más enérgico, gritaba y con mayor emoción cantaba. Al pasar frente al templo parroquial, su corazón latió impulsado por un fervor más ardiente:  - San José, Patriarca mío, a quien este templo está dedicado, momentos antes de morir por Cristo, te saludo y te invoco; dentro de breves momentos te veré en el Cielo.
Y dirigiéndose a los transeúntes que se agolpaban a su paso para verle, les decía en voz alta:
Soy sacerdote y voy a morir por Cristo. ¡Viva Cristo Rey! Vengan a ver cómo mueren los cristianos. Continuará...ÚLTIMOS INSTANTES DEL MÁRTIR 


Gumersindo Sedano y Palencia

En Ciudad Guzmán, Jalisco no se estuvo ajeno a la persecución religiosa como consecuencia de la política anticlerical de los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles. 
El episcopado mexicano se dividió en varias facciones, por un lado los que apoyaron al uso de las armas como medio de defensa de la fe católica (caso de los Obispos de Durango, Huejutla, Tacámbaro y Autlán), los que condenaron el levantamiento armado (la mayoría del episcopado) y los que prefirieron atender las necesidades de los fieles clandestinamente (el caso del Arzobispo de Guadalajara o el Obispo de Veracruz). 
El Clero rural que en su mayoría había optado por esta última vía, sufrió enormemente el acoso de las fuerzas federales y tenemos relatos de martirios crueles dignos de mención como las Actas de los primeros mártires cristianos. 
El Padre Gumersindo Sedano y Palencia (otras versiones cambian el apellido por Plascencia) estaba en Cd. Guzmán para atender unas necesidades cuando fue delatado por una pordiosera a la que había ayudado. 
Estaba a punto de unirse a las fuerzas cristeras al mando de Dionisio Eduardo Ochoa que operaban en la zona de Colima, sin embargo su detención significó el comienzo del martirio cometido por los federales que sin pudor ni sentido de humanidad descargarían su odio contra tal ministro del Señor. 
El 7 de septiembre de 1927 fue arrestado y conducido al cuartel del General Urbina, junto con cinco compañeros cristeros; viendo lo que le esperaba, no pensó el padre Sedano otra cosa mas que prepararse a bien morir, por lo que en el vehículo donde los conducían sacó el Santo Rosario y se dispuso a rezarlo. 
Al ser increpado por uno de los soldados que le custodiaban a que se callara y le llamó bellaco, el padre Gumersindo respondió: -¿Callar? Mientras tenga un átomo de vida no dejaré de gritar. ¡VIVA CRISTO REY!… 
Los católicos no somos bellacos: usted mismo lo sabe. Si mis compañeros de prisión no hicieron fuego al ser arrestados, fue porque no tenían armas; dénselas a estos Cruzados y veréis si son bellacos o héroes. 
Vosotros sois bellacos y cobardes. Podéis matarme como queráis. ¡VIVA CRISTO REY!” Fue conducido a la estación del tren para ser asesinado pero no dejaba de cantar: "Tu reinarás, éste es el grito, que ardiente exhala nuestra fe..." 
Llegado al lugar son fusilados sus compañeros y al mártir le fue permitido pronunciar unas palabras a los católicos que tenían que presenciar la escena: “Hermanos: la muerte no es lo que me arredra y atormenta, supuesto que dentro de breves momentos estaré gozando de Aquel en quien siempre he esperado y a quién siempre he servido con todas mis fuerzas en el Santo ministerio sacerdotal; lo que me arredra y atormenta es el temor de que no vaya a ser un verdadero mártir, es decir un verdadero soldado que sepa desprenderse de esta vida mortal y perecedera. 
Mi delito no es otro, lo confieso, sino ser del número de los que en esta vida son los encargados de llevar las almas a Cristo nuestro Redentor. Mas tengo la satisfacción de haber cumplido mi deber hasta los últimos momentos en que Dios me va a llamar a su tribunal sagrado, en donde tengo que dar cuenta de todos y cada uno de los fieles que me han sido confiados en mi Parroquia. 
Espero en la infinita misericordia de Dios que sabe perdonar y olvidar las ofensas de sus hijos, y que sabe absolver a los que se entregan en sus manos. No os pido otra cosa sino que siempre confeséis a Cristo en todo lugar y en todo momento: “Todo lo podemos en Aquel que nos conforta”, como dice el Espíritu Santo. 
Animo hermanos, y si sabéis luchar hasta el fin, nos veremos en el Cielo… Ya terminé Capitán” Le fueron desolladas las plantas de los pies (bárbara costumbre revolucionaria) y varias veces se le intentó ahorcar, finalmente se le colgó y su cadáver sirvió como ejercicio de tiro a los soldados, quienes pusieron un letrero que decía: "ÉSTE ES EL CURA SEDANO".

























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2 comentarios:

  1. Es increíble comprobar como la violencia sin sentido viene de lejos en Mejico, que triste todo

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