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domingo, 31 de mayo de 2015

Los Cristeros del Volcán de Colima, Viene de la edición anterior

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
Libro Segundo Capítulo Primero
Viene de la edición anterior
INICIADOR DE LA CRISTIADA COLIMENSE
Había nacido en la pequeña ciudad de San Gabriel, Jal., el 14 de octubre de 1900, siendo el segundo hijo de don José Dionisio Ochoa Gutiérrez, colimense, que temporalmente se había radicado allá, y doña María Díaz Santana. Llevado a la pila santa del Bautismo, se le impuso el nombre de Eduardo; pero habiendo muerto su padre, cuando estaba aún muy pequeño, en recuerdo de él, al recibir el Sacramento de la Confirmación, se antepuso a su nombre de Eduardo, el de Dionisio. De esta suerte, desde muy chico, él unió los dos nombres en uno, firmándose siempre Dionisio Eduardo Ochoa.
Al lado y amparo del Sr. Pbro. don José Angel Ochoa, virtuoso y ameritado sacerdote de la ciudad de Colima -tío suyo, hermano de su difunto padre-, y de las ancianitas hermanas suyas que con él vivían, creció y se formó el pequeño, bebiendo constantemente una sólida y cristiana educación.
Entre cariñosos cuidados pasaron los primeros años de su niñez. Poco antes de los siete años, en el templo Parroquial de San Felipe de Jesús, de la ciudad de Colima, hizo su primera Comunión en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Era el mes de junio de 1907.
Gracias a la cariñosa mano de Dios, a los cuidados de sus tíos que le habían recogido y le querían mucho, y al cuidado y respeto de su hermano mayor Enrique, fiel compañero suyo en todas partes, fue muy cristiana y excelente su conducta de niño, sin malos compañeros y sin haber dado jamás alguna mala nota en su conducta moral.
Cuando hubo cursado el 6° año en el Colegio San Luis Gonzaga de la misma ciudad de Colima, del cual era Director el ameritado Sacerdote D. Mariano de J. Ahumada, ingresó al Seminario Conciliar Diocesano; pero no sintiendo vocación para el estado sacerdotal, y por atender a su tío y protector, el Sr. Pbro. D. J. Angel Ochoa, entonces ya anciano y achacoso, dejó sus estudios de Seminario cuando apenas tenía en éste tres años. Estaba entonces en su apogeo la furia sectaria de la Revolución Carrancista.
Cuando la marea jacobina hubo bajado un poco -en abril de 1917- inició sus labores juveniles en pro del Reinado Social de Cristo; pues fue entonces cuando se fundó en Colima la gloriosa A. C. J. M., en cuyo seno se templó su alma cristiana y se compenetró del ideal sublime de la Juventud Católica.
Sus primeros trabajos fueron enseñar a los niños la Doctrina Cristiana en los centros catequísticos y repartir en la ciudad, en el sector a él encomendado, propaganda católica impresa, entre ella La Epoca, periódico católico de Guadalajara, Jal., que dirigía el Lic. Pedro Vázquez Cisneros, que aún vive en la actualidad. Con sus papeles doblados bajo el brazo o en uno de los bolsillos, salía cada semana, calle por calle y casa por casa. Por lo general, era aquella labor obra de paz, sin tener que soportar más que alguna burleta o injuria.
Así las cosas, en julio del 1920, murió su nuevo padre y generoso protector el Pbro. D. José Angel Ochoa, y tuvo que hacer frente él, inmediatamente, con su trabajo, al sostenimiento de su casa; pues aunque tenía un hermano mayor -el hoy Presbítero don Enrique de Jesús Ochoa-, éste estaba terminando sus estudios sacerdotales en el Seminario Conciliar Diocesano de la misma ciudad de Colima. En estas circunstancias, creyó conveniente aceptar un empleo que se le ofreció en la Tesorería General del Gobierno de Colima; porque allí ganaría con más facilidad el sustento, al par que le sobraría tiempo para sus labores acejotaemeras.     Continuará














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viernes, 15 de mayo de 2015

Los Cristeros del Volcán de Colima, El iniciador de la cruzada en Colima

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
"LA GÉNESIS DEL MOVIMIENTO CRISTERO"
Viene de la edición # 340
EL INICIADOR DE LA CRUZADA EN COLIMA

Una semana más tarde, los hombres de Peñitas, Peña Blanca y Maravilla, Zac., se levantan en armas contra la tiranía y, el 23, tenemos a Aurelio Robles Acevedo en pie de lucha, allí mismo en Zacatecas, en el rancho de La Hoya.
Casi por esos mismos días, en Guanajuato, Luis Navarro Origel, hombre de gran temple y espíritu cristiano, pensando de la misma manera, esto es, que no había más solución al conflictó religioso que rechazar la fuerza con la fuerza, se levantó en armas, en la ciudad de Pénjamo, Gto.
También la prensa de aquellos días habló mucho del Gral. Rodolfo Gallegos levantado en armas contra la tiranía Callista.
En estas circunstancias, la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa creyó necesario convocar de inmediato a una Convención Nacional, que tuvo verificativo en la ciudad de México, a fines de ese mismo mes de agosto de 1926, y que presidió su egregio jefe el Lic. don Rafael Ceniceros y Villarreal.
Representantes de toda la Nación asistieron, con su alma llena de fe, para estudiar el arduo problema nacional.
Fue entonces cuando los Delegados de Chihuahua expusieron que era del todo necesario, ante la inaudita brutalidad callista, acudir a medios más eficaces y, por otra parte, que era imposible, dado el curso, que tomaban los acontecimientos, detener al pueblo para que no recurriese al único medio que restaba: rechazar la fuerza con la fuerza. De aquí que, o la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa asumía la Jefatura del Movimiento Armado o, de lo contrario, todos esos brotes esporádicos, sin organización y jefatura nacional, se verían expuestos a la ruina, porque fácilmente podrían ser aplastados y perecería así lo más valioso de nuestros elementos.
Después de considerar serenamente el asunto, la Liga decidió tomar a su cargo este tremendo problema del Movimiento Armado Nacional. Se creó al efecto el Comité Especial de Guerra a cuyo frente quedó un hombre valiente y grande que hace apenas un año voló de esta tierra al cielo, cuyo nombre fue Bartolomé Ontiveros: era tapatío. Este, después de organizar lo necesario desde la capital de la República, pasó a Guadalajara para entrevistarse con el Lic. Anacleto González Flores y tratar con él la incorporación de la Unión Popular del Estado de Jalisco, al Movimiento Armado de defensa nacional. 
Una vez conseguido este objetivo, quedó el mismo Lic. González Flores al frente de la Dirección Cristera en el Occidente de la República.
EL INICIADOR DE LA CRUZADA EN COLIMA
Fue Dionisio Eduardo Ochoa Santana, de quien ya antes se ha hablado, el joven predestinado por Dios para que en el terruño colimense, iniciase la Defensa Armada de los sacros derechos de fa Iglesia y de la Patria arrebatados por la tiranía.
Gral. Dionisio Eduardo Ochoa Santana fue un militar mexicano que participó en la Guerra Cristera. Fue uno de los iniciadores del movimiento cristero para la defensa de la libertad religiosa en el estado de Colima. Eduardo Ochoa encabezó a los cristeros del Volcán de Colima siendo presidente de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana del estado de Colima y director del Semanario “La Reconquista”. Ochoa y su hermano el sacerdote Enrique de Jesús Ochoa, mismo que fungía de capellán, se refugiaron en las cañadas, bosques, y escondites del volcán de Colima y del Nevado de Colima, cerca de los límites geográficos con el estado de Jalisco, con el motivo de resistir los ataques del Ejército federal. 
Ochoa murió cuando le explotaron unas bombas que se encontraban fabricando sus soldados en la Meseta de la Yerbabuena.
Continuará











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