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domingo, 31 de mayo de 2015

Relatos y Leyendas de El comala de ayer, "Incendio en las Alturas"

RELATOS Y LEYENDAS DE EL COMALA DE AYER
"INCENDIO EN LAS ALTURAS"
Por Rubén Jaime Valencia Salazar
La construcción del nuevo templo de San Miguel había iniciado en 1893, los años transcurrían y se creía que la edificación de la cúpula principal nunca se llevaría a cabo, ya que el agujero en las alturas continuaba cubierto con madera, tabletas de tejamanil o con láminas de cartón, agujero que causaba incontables molestias a los asistentes en los distintos actos litúrgicos, principalmente en temporal de lluvias.
En 1956 el Sacerdote José Verduzco Bejarano, quien suplía en su cargo de Párroco al finado Francisco de Sales Vizcaíno, decide continuar la construcción iniciada el año anterior sujeta al proyecto elaborado por el señor Maximino Calvario y encarga la obra al maestro albañil, de reconocido prestigio, Domingo Delgado Trujillo, auxiliándose de Luis Delgado Virgen (su hijo), Alejandro Llerenas Castro, conocido como “Cande”, Abel Orozco de la Luz y el hijo de éste, Salomé Orozco García, entre otros.  
Las tareas eran lentas ya que hubo necesidad de armar y colocar una resistente y confiable estructura con palos y tablas que sirvieran de andamio para los trabajadores y evitar los riesgos de accidentes, así como la colocación de malacates y carruchas con gruesos cables para trepar hasta las alturas el material necesario para la obra encomendada.  
Ya era el año siguiente de iniciada la edificación, 1957, no se recuerda la fecha exacta, los trabajadores, como era su costumbre, desde la una de la tarde se habían retirado a sus hogares para tomar sus alimentos, regresarían hasta las tres y aproximadamente a las dos, ante el repetitivo y prolongado tañer de la campana mayor encaramada en la torre del templo, los habitantes salen de sus hogares, dirigen su mirada al espacio de su procedencia y con gran asombro e incredulidad observan una gruesa columna de negro humo acompañado de extensas y rojas llamaradas, como si trataran de arañar el cielo, derivadas de las maderas que sostenían los pesados aceros y el cemento con grava que sólo días anteriores se habían colocado en el techo cóncavo de la construcción. 
De todos los rumbos del pueblo llegan diligentes los vecinos, sin importar edad ni sexo, llevando consigo algún recipiente que a su paso encontraron en su presurosa estampida, solícitos a prestar el auxilio requerido. 
Largas cadenas humanas pasaban las vasijas conteniendo el líquido para sofocar las devoradoras llamas, líquido proveniente de los domicilios aledaños, de las piletas públicas y hasta del mismo río Suchitlán, agua que era vaciada en voluminosos tambos colocados sobre resistente tarima, la que, auxiliándose con carruchas y malacates, hacían llegar hasta las alturas.
Varias horas de intensa, difícil, jadeante, riesgosa y desesperante faena que con la unión y respaldo del vecindario se logró sofocar las llamas devoradoras y por su gran responsabilidad no hubo de lamentar accidentes ni pérdidas humanas.
Se atribuyó, como causa que originara tan horroroso incendio, el que uno de los trabajadores olvidó un cigarrillo encendido sobre un madero embarrado de aceite.














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Los Cristeros del Volcán de Colima, Viene de la edición anterior

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
Libro Segundo Capítulo Primero
Viene de la edición anterior
INICIADOR DE LA CRISTIADA COLIMENSE
Había nacido en la pequeña ciudad de San Gabriel, Jal., el 14 de octubre de 1900, siendo el segundo hijo de don José Dionisio Ochoa Gutiérrez, colimense, que temporalmente se había radicado allá, y doña María Díaz Santana. Llevado a la pila santa del Bautismo, se le impuso el nombre de Eduardo; pero habiendo muerto su padre, cuando estaba aún muy pequeño, en recuerdo de él, al recibir el Sacramento de la Confirmación, se antepuso a su nombre de Eduardo, el de Dionisio. De esta suerte, desde muy chico, él unió los dos nombres en uno, firmándose siempre Dionisio Eduardo Ochoa.
Al lado y amparo del Sr. Pbro. don José Angel Ochoa, virtuoso y ameritado sacerdote de la ciudad de Colima -tío suyo, hermano de su difunto padre-, y de las ancianitas hermanas suyas que con él vivían, creció y se formó el pequeño, bebiendo constantemente una sólida y cristiana educación.
Entre cariñosos cuidados pasaron los primeros años de su niñez. Poco antes de los siete años, en el templo Parroquial de San Felipe de Jesús, de la ciudad de Colima, hizo su primera Comunión en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Era el mes de junio de 1907.
Gracias a la cariñosa mano de Dios, a los cuidados de sus tíos que le habían recogido y le querían mucho, y al cuidado y respeto de su hermano mayor Enrique, fiel compañero suyo en todas partes, fue muy cristiana y excelente su conducta de niño, sin malos compañeros y sin haber dado jamás alguna mala nota en su conducta moral.
Cuando hubo cursado el 6° año en el Colegio San Luis Gonzaga de la misma ciudad de Colima, del cual era Director el ameritado Sacerdote D. Mariano de J. Ahumada, ingresó al Seminario Conciliar Diocesano; pero no sintiendo vocación para el estado sacerdotal, y por atender a su tío y protector, el Sr. Pbro. D. J. Angel Ochoa, entonces ya anciano y achacoso, dejó sus estudios de Seminario cuando apenas tenía en éste tres años. Estaba entonces en su apogeo la furia sectaria de la Revolución Carrancista.
Cuando la marea jacobina hubo bajado un poco -en abril de 1917- inició sus labores juveniles en pro del Reinado Social de Cristo; pues fue entonces cuando se fundó en Colima la gloriosa A. C. J. M., en cuyo seno se templó su alma cristiana y se compenetró del ideal sublime de la Juventud Católica.
Sus primeros trabajos fueron enseñar a los niños la Doctrina Cristiana en los centros catequísticos y repartir en la ciudad, en el sector a él encomendado, propaganda católica impresa, entre ella La Epoca, periódico católico de Guadalajara, Jal., que dirigía el Lic. Pedro Vázquez Cisneros, que aún vive en la actualidad. Con sus papeles doblados bajo el brazo o en uno de los bolsillos, salía cada semana, calle por calle y casa por casa. Por lo general, era aquella labor obra de paz, sin tener que soportar más que alguna burleta o injuria.
Así las cosas, en julio del 1920, murió su nuevo padre y generoso protector el Pbro. D. José Angel Ochoa, y tuvo que hacer frente él, inmediatamente, con su trabajo, al sostenimiento de su casa; pues aunque tenía un hermano mayor -el hoy Presbítero don Enrique de Jesús Ochoa-, éste estaba terminando sus estudios sacerdotales en el Seminario Conciliar Diocesano de la misma ciudad de Colima. En estas circunstancias, creyó conveniente aceptar un empleo que se le ofreció en la Tesorería General del Gobierno de Colima; porque allí ganaría con más facilidad el sustento, al par que le sobraría tiempo para sus labores acejotaemeras.     Continuará














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Festejos Charro taurinos en la comunidad de Lagunitas 2015

AYUNTAMIENTO DE COMALA OFRECE RECIBIMIENTO EN LAGUNITAS
El pasado domingo 17 de mayo, el H. Ayuntamiento de Comala ofreció el recibimiento en la comunidad de Lagunitas, que se encuentra enclavada en la parte más alta del cerro grande y con motivo de sus festejos anuales charro taurinos y patronales en honor a San Isidro Labrador.
Asistieron a este magno festejo el Alcalde Comalteco Braulio Arreguin Acevedo, el Diputado Local Donaldo Zuñiga Ricardo, funcionarios de distintas áreas del Ayuntamiento de Comala y amigos invitados de la cabecera municipal.
Estuvieron presentes con el presidente municipal de Comala, la comisaria municipal Matilde Ayala Aguilar y el C. Rubén Ayala Rodríguez comisario ejidal de la comunidad de Lagunitas, quienes acompañaron al alcalde Comalteco a saludar a todas las familias reunidas en las carpas que se colocaron en la explanada de la escuela primaria del lugar.
Acto seguido a la comida se trasladaron a la plaza de toros para disfrutar de una gran corrida de toros donde los jóvenes de la comunidad se aventaron grandes montas de los toros y becerros ante la alegría de la población ahí reunida.





















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