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lunes, 29 de enero de 2018

Los Cristeros del Volcán de Colima; El Vallecito de Cristo Rey continuación.

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
LIBRO CUARTO, Capitulo quinto Los días de mayores penalidades
(Del 27 de abril, a los primeros días del mes de agosto de 1927)

Viene de la edición anterior

Cuán grande es Dios! ¡Cuán admirable es el Señor en sus caminos! -dice el Prelado-. Mira, yo siempre, cuando tú eras chico, con alegría esperaba ordenarte algún día sacerdote. Pero los designios de Nuestro Señor eran distintos: Él tenía destinado para ti ser jefe en esta cruzada de Cristo Rey. El te ayude, El te bendiga.
Conversaron largo rato.
- ¿Y tu hermano el Padre?
- Mi hermano el Padre está con nosotros, viviendo con nosotros como capellán. Lo dejé allá, en el volcán, con los soldados de Cristo Rey.   - ¡Cómo! ¿El Padre anda con ustedes?
- Sí, Ilustrísimo Señor. 
Nos quedamos solos, sin sacerdote ninguno, pues el Padre Ahumada ya no pudo continuar acompañándonos. Y no era posible que en medio de tantos sufrimientos. y peligros se viviese sin un sacerdote. Yo le escribí al Padre mi hermano, contándole nuestro gran problema. Yo no le decía, ni le insinuaba siquiera, que él se viniera con nosotros. Le contaba esa grande pena, como a hermano; pero él habló con el Sr. Pro-Vicario General. Sr. Uribe y, de acuerdo él, me escribió diciendo que estaba a las órdenes de los soldados de Cristo Rey. Y el día 7 de este mes fuimos por él; lo recogimos en la hacienda de Buena Vista. Desde entonces, incorporado a nuestra columna, anda con nosotros; viste al igual que todos, porque no es posible de otro modo, y duerme al igual que todos, en el suelo y, a veces, bajo la lluvia. Pero los soldados están muy contentos y él también. Diariamente tenemos la Santa Misa en el lugar en que acampamos; muchos comulgan todos los días. El Excmo. Señor Obispo oía, sorprendido, esa noticia que no esperaba.
- ¡Ah! Pues que DIos cuide al Padre tu hermano. Dios bendiga y cuide a todos.
- Gracias, Señor. Mi hermano tiene pensado venir a ver a su Señoría Ilma., en la primera oportunidad. No lo traje en esta ocasión, porque estaba muy difícil la venida y, además, aquella gente no podía, por ahora, quedarse sin él. Necesitan la presencia del sacerdote.
- Está bien. Diariamente, aquí en el altar de la Misa, pido por Uds.    
- Dios le pague, Señor.
CONTINUARÁ


















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lunes, 15 de enero de 2018

Los Cristeros del Volcan de Colima, El Vallecito de Cristo Rey

LOS CRISTEROS DEL VOLCÁN DE COLIMA
"El Vallecito de Cristo Rey"
Crónica del 27 de abril a los primeros de agosto de 1927.  Libro 4 Capitulo 5

Viene de la edición anterior

En esta región estaba refugiado el Padre don Octaviano Marín, de la Diócesis de Colima. Sobre una meseta, que se forma en las estribaciones de la alta sierra de La Ferrería, a corta distancia de la ranchería de Las Parotas, se había congregado una multitud de familias cristianas. El Padre Marín vivía allí; hizo una amplia capilla de tableta de pino en donde él celebraba a diario la Santa Misa y ejercía, con relación a los cristeros de la región, el piadoso oficio de capellán.
El lugar era, en verdad delicioso y se vivía en cierta relativa paz, sólo turbada de cuando en cuando, con ocasión de alguna incursión enemiga por la región. A este campamento cristero le llamaron los soldados libertadores el Vallecito de Cristo Rey.

ANTE EL ANCIANO SEÑOR OBISPO DIOCESANO

También, no muy distante de aquellos lugares, más allá de la sierra de El Tigre, en una cabaña de la montaña, habitaba por aquellos días el anciano Obispo de Colima, Excmo señor Velasco. No tuvo lugar fijo en donde morar. De rincón en rincón de las serranías anduvo errante, viviendo en cada lugar por el tiempo que creía prudente. La Misa del Jueves Santo y la consagración de los Santos Oleos, la había efectuado en esa ranchería de El Tigre. 


Allí quedaron de recuerdo, incrustadas en el suelo, unas piedras lajas, como testimonio del acto allí celebrado. Estando Dionisio Eduardo Ochoa con Miguel Anguiano Márquez y sus acompañantes, allí en el campamento del Vallecito de Cristo Rey, hablando con relación al Excmo. Señor Obispo, supo que se encontraba a no muy larga distancia de allí y, dado su cariño filial hacia él, quiso ir a verlo, más aún que supo cuáles eran los sentimientos que con
relación a él y a sus soldados de la Cruzada tenía el egregio Prelado; cómo les encomendaba en sus oraciones y cómo prorrumpía, siempre que había ocasión, en frases de admiración y elogio por sus proezas cristianas. 
Cuando Ochoa y sus compañeros llegaron a la cabaña del egregio Obispo, éste, al reconocerlo, se llenó de alegría, pues Dionisio Eduardo, desde niño, le había sido particularmente querido..... CONTINUARA





















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