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miércoles, 21 de abril de 2021

Vislumbres Preludio de la Conquista Capitulo 43; "Testimonios Corroborantes"

VISLUMBRES
PRELUDIOS DE LA CONQUISTA
Capítulo 43
Profr. Abelardo Ahumada González
TESTIMONIOS CORROBORANTES.

De conformidad, pues, con la crónica del padre Beaumont, el ejército de Moctezuma Xocoyótzin fue dos veces derrotado por el del Cazonci Zuangua. Y en abono del segundo episodio Beaumont señala  que a él mismo le tocó ver, como si fueran un “funesto monumento” de la victoria que obtuvieron los michoaques, “innumerables huesos (…) en el campo que media entre Maravatío y Tzitácuaro.”
El problema, sin embargo, es que el padre Beaumot no le puso fecha a esas dos batallas, y como las menciona literalmente una tras otra, cualquier lector podría creer que pudieron haber sido organizadas en el lapso de un mes o de unas pocas semanas, cuando lo cierto es que, dadas las circunstancias que prevalecían entre los mexicas y sus aliados de aquella época, no era nada fácil reponer a los guerreros muertos o cautivados, y eso los llevaba a esperar incluso años para que crecieran los muchachos que estarían en aptitud de sustituirlos, tal y como sucedió cuando en 1479, los aztecas intentaron solemnizar “la estrena de la Piedra del Sol”, ofreciendo, sin conseguirlo, la sangre de guerreros michoaques a Huitzilopochtli.
Así, pues, si tomamos en cuenta esos datos, saltan a la vista al menos dos cosas: una, que con todo y la mucha prisa que pudiera tener Moctezuma para vengarse de Zuangua y los suyos, debió de esperar un tiempo prudente para poder integrar un segundo ejército más numeroso que el anterior, y otra, que el dicho Zuangua, advertido de la presencia activa de algunos tecos y matlazincas en plan de aliados de Moctezuma, algo debió de hacer en contra de ellos para castigarlos.
A este último asunto, sin embargo, le daremos un enfoque posterior, y nos ocuparemos en buscar otros testimonios que nos puedan enriquecer la información que hasta ahorita hemos podido presentar. 
En este mismo sentido quiero comentarles que tanto fray Juan de Torquemada, en su “Monarquía Indiana”, como fray Diego Durán, en su “Historia de las Indias de la Nueva España”, coindicen en dedicar todo un capítulo a Tlahuicole. Pero si bien el primero señala que luego de haberle Moctezuma perdonado la vida por su enorme valor, lo invitó a conducir su ejército en contra de los michoaques, con los resultados que ya vimos en el capítulo anterior, el segundo no hace ninguna referencia a la participación del gigante tlaxcalteca en la guerra contra los michoaques y, contra las demás versiones, él afirma que, estando muy triste el gigante de no ver y no estar con sus hijos y sus mujeres, un día se subió al del templo de Tlatelolco (el que según se ha dicho tenía 101 escalones) y se dejó caer desde lo más para morir.
Y en cuanto al segundo ataque y al muy gran ejército que Moctezuma habría enviado contra los michoaques ninguno de los dos agrega tampoco nada. Y el único que ubica temporalmente lo hecho por Tlahuicole en contra de aquellos es el autor de la “Monarquía Indiana”, diciendo que todo eso sucedió “pocos años antes que llegaran los españoles a estas tierras”. Y así no nos saca de ningún apuro.

QUE MOCTEZUMA  QUISO ESTRENAR SU PROPIA PIEDRA DE SACRIFICIOS.

Un segundo asunto en el que coinciden Torquemada, Durán y Fernando Alvarado Tezozómoc, es en el de que, comportándose casi como lo hacen los presidentes y los gobernadores del México actual, los hueytlatoanis mexicas que iban ascendiendo al poder querían lucir o brillar más que sus antecesores, y que para lograrlo intentaban hacer cosas más grandes, aunque no fueran originales sino copiadas, señalando, por ejemplo, que cuando Moctezuma vio terminado el templo mayor que había mandado construir, se le hizo pequeña e insignificante la piedra de los sacrificios que había mandado hacer su abuelo, y ordenó hacer otra que, siendo muy pesada, requirió de muchísima gente que la arrastrara y que, cuando iban tratando de hacerla pasar por un puente, se les cayó a la laguna, “llevándose tras (de) sí (a) su sacerdote mayor, que la iba incensando y (a) otro grande número de gente que dio más presto en el infierno que la piedra en el suelo del agua”. 
Respecto a ese punto Torquemada explica que a Moctezuma todo lo que habían hecho sus antecesores en el cargo le pareció que debía ser superado, y que por lo mismo “la piedra (de los sacrificios) que había puesto su abuelo (Axayácatl) era chica y baladí, y no correspondía con la grandeza y autoridad de México”. Por lo que mandó buscar y esculpir “la piedra más ancha y espaciosa que se pudiere hallar en la provincia”, urgiéndole a los mejores canteros de la región que fueran a trabajar en ella, con la idea de tenerla lista para “la fiesta del desollamiento”. Señalando que la gran piedra fue hallada en Chalco, “en un cerrillo, junto al río que baja de Amecamecan”, y que le nombraron “Temalácatl, que en nuestro romance quiere decir ‘piedra redonda’”
Advirtiendo ambos que la caída de la piedra desde el puente a la laguna, se interpretó como “uno de los mayores azares y agüeros que los mexicanos tuvieron de su desventura, porque allí creyeron que ya su dios los desamparaba”.
No obstante lo anterior, también hay coincidencia en señalar que la “Temalácatl” fue sacada del agua y llevada hasta “el templo de Huitzilopochtli (…) con grandísimo trabajo”. Y que en su “estrena” murieron todos los “cautivos que de muchas provincias” habían sido trasladados. Estrena que habría ocurrido en el “décimo año de su reinado”. Lo que nos lleva a decir que fue entre 1512 y 1513.

EL VERDADERO CARÁCTER DE MOCTEZUMA.

Y como una buena parte de lo que sucedió después en nuestra región se derivó de un capricho de Moctezuma, conviene que revisemos algunos de las descripciones que hicieron sobre su persona: 
Fray Diego Durán, refiriéndose al momento en que se realizaron los funerales de Ahuízotl, y la inmediata elección de Moctezuma como su sucesor, transcribió los discursos que antes de coronarlo pronunciaron al menos tres grandes personajes: su tío Tlilpotonqui, hijo de Tlacaélel, quien ejercía como gobernador o Cihuacóatl; Nezahualpilli, monarca texcocano y Totoquiuhaztli, rey de Tacuba, representantes todos de la Triple Alianza y únicos facultados para instruir al nuevo monarca sobre sus deberes.
En ese sentido, y aun cuando sean memorables todos, sólo me referiré a un par de aspectos del que pronunció el último de los tres. Siendo muy de notar el imperativo de justicia social que se mira en la parte inicial de su discurso: 
“Ya has oído, hijo mío, las razones que te ha dicho el Rey de Texcoco; pero mira que hay muchas otras que te son encomendadas (…): acuérdate de los viejos y de las viejas que gastaron el tiempo de su mocedad (juventud) en servicio de la república y, ahora, vueltos sus cabellos blancos, no pudiendo trabajar, mueren de hambre. Ten en cuenta a los pobres macehuales (la gente de las clases bajas), porque estos son (como) las alas y las plumas, los pies y las manos de las ciudades”. 
Y, siendo muy reveladora también la instrucción que el viejo Totoquiuhaztli dio a Moctezuma sobre  la guerra que entre ellos era una actividad frecuente: “Ten (muy en) cuenta honrar a los señores (de los pueblos aliados), pues éstos son las fuerzas contra Tlaxcala, Mechuacan, Meztztitlan y todas las demás fronteras enemigas de los mexicanos, contra los cuales has de estar siempre remendando tus armas, enderezando tus flechas y componiendo tu espada (…) pues has de ser pobre con los pobres, y llorar con los afligidos, poderoso con los poderosos;  abstero (severo) con malos y pecadores, y piadoso y misericordioso con los que se humillaren a ti”.
Mensajes que el nuevo monarca pareció haber escuchado con suma atención, pues terminó llorando apesadumbrado por “la carga que al elegirlo le habían puesto encima”. Mensajes, sin embargo que –esto lo digo yo-parecen haberle entrado por un oído y salido por el otro, puesto que cuando sólo tenía unos pocos días de haber asumido el cargo empezó a obrar en sentido contrario. Ya que, según lo manifestó el cronista, mandó llamar al Cihuacóatl, se encerró con él en un aposento y le dijo que quería cambiar a todos los auxiliares que, desde los barrenderos hasta los jefes de barrio “y a todos los oficiales reales de la ciudad”, que había tenido su tío Ahuízotl, por considerarlos “gente baja”. Y manifestando que toda su servidumbre, desde el más encumbrado hasta el más bajo, debían ser hijos de grandes señores, de gente noble. Y que no deberían ser ni más altos ni más chaparros que una vara que puso de medida; no viejos, sino “mancebos de poca edad”, porque los quería “criar y hacer (conforme) a mis mañas y costumbres, conforme a mi voluntad y corazón”. Mandato que en cuanto se puso en práctica provocó la esperada repulsa de todos los que, creyendo haber estado haciendo bien sus trabajos, fueron despedidos injustamente. Dando oportunidad para que el verdadero carácter de Moctezuma se manifestara, puesto que según comenta Durán, mandó matar a los rebeldes:
“Y si no es falsa otra relación que en la ciudad de México me dieron, diré que los mandó matar a todos, que ninguno quedó vivo, de cuantos sirvieron al rey Ahuízotl, y no me maravillaría que hubiese usado esa crueldad, porque fue desde que empezó a reinar, el mayor carnicero que había habido”.
Señalando como correlato temporal lo siguiente: “Empezó a reinar este gran señor el año de mil y quinientos y tres, el cual año entraron los españoles a la isla de Cuba y la conquistaron”.

TENER A LOS ENEMIGOS CERCA.

Con diferentes palabras y enfoques tanto fray Diego Durán como Fernando Alvarado Tezozómoc, coinciden nuevamente en señalar que, después de haber sido electo como “rey”, pero antes de ser coronado como tal, Moctezuma salió con su ejército “a probarse con algunos de sus enemigos” y a conseguir las víctimas necesarias para la ceremonia de coronación. Agregando que, cuando volvió ya con suficientes cautivos, ordenó que se les cuidara y alimentara. Llamando a continuación al “Cihuacoatl Tlilpotonqui, (y) a todos los principales mexicanos”, a quienes reunidos en asamblea les dio a entender que no le parecía que su asunción al trono pudiera ser desconocida e ignorada por los pueblos sometidos y menos por sus enemigos. Señalando enseguida que, como no se había aún “celebrado su fiesta de nombramiento (…) mucho quisiera que enviáramos convidar para ésta mi fiesta a nuestros enemigos los Tlaxcaltecas, Tliliuhquitepecas, Huexotzinco, Cholula, Cuextlan, Meztitlan, Yopitzincas, y los de Mechoacan (… para que vengan a) nuestra ciudad, y (vean…) la manera que a nuestros dioses servimos y reverenciamos con nuestros sacrificios, y (conozcan) la manera de ser (…) del gran imperio mexicano”. 
Pidiéndoles inmediatamente que nombraran mensajeros para ello, “de los cuales fueron escogidos los más valientes y animosos, y con ellos los mercaderes, tratantes y arrieros (de tamemes)”, a los cuales indicó que cuando llegaran a los respectivos lugares que les tocara visitar, les dijeran a los reyes y señores de cada pueblo (o ciudad), más o menos lo siguiente: 

“Señor nuestro, nuestra embajada es, que el rey nuevo de México, y todos los demás principales, os envían muchas saludes, y os ruegan, que para que vean la manera de que se hace la coronación, fiesta, alegrías y sacrificios a los dioses, se vayan a holgar (gozar, divertir) algunos días (a México-Tenochtitlan), dejando aparte las enemistades y guerras civiles entre nosotros, como es la Xochiyáoyotl (guerra florida). (Con el compromiso de que) la valentía de los unos y los otros, (estará a) salvo (durante) esta fiesta y convite”. 
Los dos redactores añaden que la mayoría de los señores invitados respondió que sí irían, o que, si no pudieran, enviarían a representantes de alto nivel, podríamos decir nosotros hoy. Y que, para recibirlos con todo decoro, el Cihuacóatl ordenó preparar “las casas reales, que eran catorce salas limpias, encaladas, pintadas de mucho género de pinturas, petates muy galanos, asentaderos para los señores principales convidados, candeleros altos”, etc.
Y luego dice Tezozómoc que, previendo que a los habitantes de la ciudad pudiera no parecerles bien que los invitados enemigos aparecieran de repente allí, les pidieron que se disfrazaran con otras ropas para que pasaran desapercibidos, y que a los convidados michoaques en particular, y a otros que llamaban Yopicas, los condujeron “por detrás de las casas reales” para que entraran “en palacio por otra calle”, ordenando a quienes habrían de atender a esos “señores principales”, que no hubiera en sus aposentos grandes luminarias por las noches, sino  “braseros grandes con mucho carbón, (para) que no fuesen vistos por la gente baja de los mexicanos”. Advirtiéndoles que si no cumplían con tales instrucciones, perderían sus vidas o serían destruidas “sus casas y haciendas”, debiendo comportarse siempre con el mayor secreto. 
Así, pues, dice Tezozómoc, que se les ofreció la mejor comida, y se les brindaron los mejores espacios para que observaran todos los eventos de la fiesta, incluidos, por supuesto, los sacrificios humanos, de los que gustosamente les compartirían, para comer, las carnes de suficientes cautivos. 
Siendo muy de notar que “encima de (un gran) jacal” anexo, en el que había músicos y bailarines, “estaba la divisa de las armas mexicanas con una peña pequeña, de papel, pintada naturalmente, (con un) tunal (nopal) grande encima, y sobre el tunal, una águila real, teniendo con un pie una gran víbora despedazada”. 

ZUANGUA ATACA DE NUEVO.

Antes de que se nos pueda olvidar, y pasemos sin darnos cuenta ante un hecho que parece haber tenido fuertes consecuencias y profundas implicaciones, recordemos que al iniciar este capítulo señalé que, de conformidad con lo expuesto por el padre Beaumont, Zuangua se percató de que algunos tecos y algunos matlazincas actuaron como aliados de Moctezuma en los ataques que su ejército  realizó primero en Tzinapécuaro, y luego entre Maravatío y Tzitácuaro, y que, conforme a la lógica de los acontecimientos, él mismo debió hacer algo en su contra, para castigarlos.
En relación a ello el padre Beaumont refiere que a todos los tecos, matlazincas, mexicas y demás guerreros aliados que los michoaques capturaron en dicha batalla, el cazonci los mandó sacrificar, y sus soldados terminaron comiendo sus carnes. Pero como el espacio ya no me da hoy para más, continuaremos hablando de esto después.
1.- El más grande protagonista de este episodio lo fue, en todos sentidos, el gigante Tlahuicole, que así aparece dibujado en el libro. 
2. – De conformidad con las descripciones que varios cronistas del siglo XVI hicieron de Moctezuma, éste fue un monarca “muy especial”, diríamos, que al mismo tiempo que era muy devoto de sus dioses, mandaba matar gente con el menor pretexto.
3.- Y dicen que a Moctezuma se le hizo chica la piedra de los sacrificios que había mandado labrar su abuelo, y decidió que se esculpiera otra piedra mucho más grande.
4.- Se considera que entre 1502 y 1503, Zuangua haya podido realizar otra incursión guerrera hacia el oeste de Mechuacan, llegando incluso a un punto (tal vez el Río San Juan de Dios) “donde hoy es Guadalajara”. 








  













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martes, 20 de abril de 2021

Se aplicará en Comala y zona rural 2da dosis anticovid-19 a mayores de 60 años

EN COMALA SE APLICARÁ LA 2da DOSIS ANTICOVID

El pasado lunes 19 de abril del presente año, comenzó a correr el rumor sobre este tema y varios amigos de las diferentes redes sociales, nos pidieron que si podíamos confirmar esta información, así como los horarios, lugares y el día; si es que pudiera a llegar a ser cierta esta versión.

Al respecto nos pusimos en contacto con la coordinación estatal de la brigada correcaminos y nos informaron a través de un boletín informativo que el martes 20 de abril se aplicarán en Comala y en localidades rurales de Villa de Alvarez la segunda dosis de vacuna anti-Covid-19 Sinovac a personas de 60 años y más que habitan en Comala y en localidades rurales del municipio de Villa de Álvarez.
En Comala se aplicará en las zonas urbana y rural, mientras que en Villa de Álvarez en las localidades de Nuevo Naranjal, Juluapan y Pueblo Nuevo.
Se debe acudir al mismo lugar donde recibieron la primera dosis, con su comprobante de vacunación y credencial de elector u otro documento de identificación oficial.








  













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Volaron los pavorreales, Periscopio de Profr. Abelardo Ahumada González

PERISCOPIO
Profr. Abelardo Ahumada Ahumada

“VOLARON LOS PAVORREALES…”

Antes de que se comience a calentar la olla de los grillos, y mientras que nos damos tiempo para conocer cuál es el lado bueno, y cuál es la pata de la que cojean los respectivos candidatos, permítanme, estimados lectores, que les comparta algunas observaciones personales sobre los aconteceres políticos más o menos recientes, y mediante los que al menos su servidor trata de entender, un poco siquiera, del por qué están ocurriendo algunos hechos delante de nuestros ojos. Y quiero iniciar con una pregunta: 
¿Se han fijado que José Ignacio Peralta Sánchez ha estado desempeñando lo que parece ser un discretísimo papel en el juego de la sucesión gubernamental, y que lo mismo hizo en las elecciones de hace tres años?
Hasta donde yo alcanzo a ver, Nacho se ha mantenido al margen de los conflictos electorales de su partido, y comportándose como si no le importara lo que pudiera suceder. Pero si mira uno más a fondo pudiera no ser así, puesto que en la querencia tricolor no sólo se ha dado una rebatiña mayúscula, sino que varios de sus colaboradores más cercanos, aparentemente y por sus propias voluntades, se le salieron del huacal, ya fuera para manejar el PRI a su antojo; ya para irse a buscar alguna candidatura o un nuevo hueso para subsistir.
En el primer caso estaría el muy tenebroso, truculento y malora “Güero Mayor”, Arnoldo Ochoa González, quien, de ser Secretario General de Gobierno, se movió internamente (¿sin el consentimiento y apoyo de Nacho?) para presidir al PRI local, colocándose primero como Secretario de Organización del expartidazo, y luego como su presidente estatal; desplazando, ¡en sólo dos días!, a José Manuel Romero Coello, “El Güero Menor”, del mando que ostentaba. Todo ello con la venia de Mely Romero Celis, la ya entonces precandidata a la gubernatura. 
Se sabe que Romero Coello hizo poco menos que nada como presidente del PRI estatal, y que si entró ganoso, se fue notoriamente arranando y, bueno, si lo desplazaron se lo merecía. Pero el aún joven político no quiso irse a su casa nada más así, ni introducirse tampoco al muy competitivo mercado laboral y, habiendo decidido ser político de por vida, decidió ir a cobijarse (o a ofrecer sus valiosos servicios) al Partido Verde Ecologista Manzanillense de Virgilio (PVEMV), con las ganas de que le dieran cuando menos la candidatura para la Presidencia Municipal de Colima, a sabiendas de que, como es casi imposible que la gane, muy bien se puede quedar otros tres años como regidor del próximo ayuntamiento, en tanto le sale una mejor chamba.
Todo eso sucedió entre el 1 y el 3 de febrero pasado, pero el día 15 siguiente, se presentó otro caso de abandono y ausencia respecto al gabinete nachista. Me refiero a la renuncia que “por motivos personales” le presentó Agustín Morales Anguiano, ex Secretario de Desarrollo Rural, a su jefe. Motivación que lo llevó a poner tierra de por medio respecto a sus antiguos jefe y partido para, siguiendo las huellas de “El Güero Menor”, irse a juntar con Virgilio Amezcua Mendoza, candidato del Partido Verde a la gubernatura, con quien se le ha visto frecuentemente y muy cerca.
Y el más reciente de todos esos casos, lo constituyó, hace apenas dos semanas, la renuncia, también “por motivos personales”, de Carlos Arturo Noriega García, ex secretario de Planeación y Finanzas, quien según fuertes rumores que corren por ahí, fue el que mayor cantidad de dinero ofreció durante la subasta que organizó la dirigencia estatal tricolor, para vender a los mejores postores las tres primeras diputaciones plurinominales. 

FAVORES Y DISFAVORES.

Y ya que hablamos de JIPS, permítanme los lectores recordar que hace 9 años, justo en este mismo mes de abril, tanto la dirigencia estatal, como el Comité Ejecutivo Nacional del PRI decidieron quitarle la candidatura que ya tenía para ser Senador, para dársela, dizque por cuestiones de paridad de género, a ¿ya recordaron quién?: la diputada local Mely Romero Celis.
Por aquellos días a Peralta Sánchez se le vio triste y desencajado, porque desde enero ya se sentía tener la senaduría en la mano y, de repente, como si un chiquillo gigantón, tipo Chabelo, hubiera decidido hacerle bulling, se la arrebataron así nomás, dejándolo llorando por su juguete.
El problema, según eso, comenzó cuando el 25 de marzo, el IFE puso un plazo los partidos políticos  para cumplir con la cuota de género en las candidaturas que estableció el Cofipe, advirtiéndoles que de no cumplir con tal precepto les podrían sobrevenir “múltiples consecuencias jurídicas”, entre las que se contemplaba que los partidos que no acataran la norma, de plano podrían perder sus registros.
Algunos de los partidos, pues, se vieron obligados a cumplir con una ley a la que en principio no habían querido acatar y, por lo mismo, los dirigentes de cada uno de los organismos infractores tuvieron que pensar en sacrificar algunos de sus candidatos para completar la mencionada cuota en favor de las mujeres, pero ¿Quiénes habrían de ser los varones sacrificados?
En el caso concreto del PRI el plazo les resultó tan perentorio que todo parece indicar que escogieron a quienes, una de dos, o podrían resultar menos dañados por su decisión, o podrían resultar menos peleoneros al sentirse despojados de lo que ya creían tener seguro. Seleccionando en Colima al alcalde con licencia.
Para justificar, o pretender explicar tal decisión, Martín Flores, presidente estatal del PRI en ese momento, salió de inmediato a tratar de incubar la idea de que Nacho Peralta no había perdido nada por el hecho de su partido hubiese decidido quitarle la candidatura para dársela a la diputada cuauhtemense; dando a entender que Nacho había sido llamado desde muy arriba para incorporarse a la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, y como al principio Nacho no se pronunció en contra, muchos  nos tragamos la explicación de Flores, sobre todo por tener noticia de que Peralta Sánchez era muy amigo de Luis Videgaray, el que por entonces manejaba la campaña del futuro esposo de “La Gaviota”. 
Con el tiempo ese pronóstico se le cumplió, pero mientras que todo eso pasaba, el día 7 de aquel otro abril, Peralta Sánchez impugnó ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación el despojo de que había sido víctima, y sentó con ello un singular precedente en la muy larga historia del partido tricolor en Colima.
Y cuando lo entrevistaron dijo que ningún dirigente de su partido lo llamó para conversar con él, sino que se vino enterando del hecho “por conductos no oficiales”, y sin que por lo tanto hubiesen tenido una plática con él, ni mucho menos propuesto un acuerdo político convincente. 
¿Ustedes creen que haya perdonado ese agravio? 









  













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