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miércoles, 10 de febrero de 2021

Vislumbres Preludio de la Conquista Capitulo 33; "Una visión Texcocana"

VISLUMBRES
PRELUDIOS DE LA CONQUISTA
Capítulo 33
Profr. Abelardo Ahumada González
UNA VISIÓN TEXCOCANA.

De conformidad con lo que las fuentes mexicas, tlaxcaltecas, texcocanas y tlatelolcas que revisó fray Juan de Torquemada, cuya obra citamos en el capítulo anterior, debió ser en 1476 cuando Axayácatl fue herido en una pierna mientras combatía contra “Tlilcuetzpalin, señor de Xiquipilco”, miembro del pueblo matlazinca que por aquella época tributaba al cazonci Tzitzicpandácuare. 
Y al correlacionar esta otra información con la que nos brinda la “Relación de Michoacán”, podemos entender ahora que, más allá de las supuestas motivaciones religiosas que tanto el monarca mexica como el michoaque esgrimían para emprender sus guerras, lo que realmente estaba en el fondo en ese momento, era el deseo que ambos tenían para reclamar los tributos que podrían brindarles Taximaroa, Xocotitlan, Xiquipilco, Tollocan (Toluca) y otros pueblos matlazincas. Pueblos que, como se recordará, fueron invadidos por los michoaques un poco después de la prolongada hambruna que se padeció en la región a raíz de la gran sequía de 1450 y 1451.
Ubicándose también en ese contexto, la “Relación de Texcoco”, de Juan Bautista Pomar (1582), aporta unos detalles muy interesantes dichos en lo general, pero que nos permiten saber cómo se integró, en lo particular, el frente comandado por Axayácatl, en virtud de la famosísima “Triple Alianza” que desde 1528, México Tacuba y Texcoco acordaron para derrotar al rey de Atzcapotzalco, que los tenía sometidos: “Cuando iban a la guerra, siempre iban tres ejércitos: el uno, desta ciudad; el otro, de México, y el otro de Tacuba”. 
Todo esto mientras que junto con la gente del cazonci: “Iban (también, según los informantes de Pátzcuaro y Tzintzúntzan) los de Mechuacan; los chichimecas; los otomíes que el Cazonci tenía sujetos; los matlazincas; los uetaméchas (de Huetamo); algunos chontales (hoy extintos, del actual estado de Guerrero), y los de Tuspa, Tamazula y Tzapotlan”. Pueblos de los que los últimos tres son hoy del Sur de Jalisco, y que en su tiempo eran considerados “tecos”, por los michoaques.
Pomar agrega que, una vez tomada la decisión respecto a los pueblos contra los que habrían de pelear, los generales comisionados por los reyes de la Triple Alianza: “concertaban el modo y orden que habían de tener, y lo cual guardaban entre sí inviolablemente (… marchando) en concierto en formados escuadrones”, y llevando siempre el cuidado de vigilar “donde hubiese temor o sospecha de que enemigos pudiesen turbar e inquietar su camino. El cual hacían con mucho recato, teniendo para ello muy fieles y diligentes espías que, de mano en mano, avisaban a los generales de lo que había”…
“En las jornadas largas, donde era menester llevar bagaje y servicio (comida, agua, ungüentos, toldos, etc.), iban soldados viejos (y experimentados) tanto en la vanguardia como en la retaguardia, llevando en medio a los soldados nuevos y a la gente de servicio con el bagaje, echando siempre por delante corredores, hombres ligeros y valientes para descubrir el campo y ver si los enemigos les ponían celadas o emboscadas (…) Y de noche, procuraban alojarse en lugares seguros y aventajados, velándose con guardias que tenían de mucho cuidado y vigilancia”.
Y algo que no me extrañó, pero llamó la atención, fue que: “Los soldados que iban a la guerra no aguardaban paga ni salario (…) sino el premio digno de sus obras que, con muy cierta esperanza aguardaban del rey, (que se los devolvía) con muchas honras y favores”. Aparte de lo que, por supuesto, podían saquear cuando las condiciones se prestaban para ello. 
Por otra parte: “Los que escapaban (de morir, pero quedaban) heridos o lisiados, eran sustentados y curados a costa del rey”. Y todos debían guardar una gran “disciplina y orden militar, so pena de muerte por parte de sus capitanes”. Pero los más “eran fidelísimos y constantes en toda adversidad, padeciendo con extraña paciencia todos los trabajos de la guerra. Y no temían la muerte, sino hacer cosa infame y afrentosa”, como mostrarse cobardes. Tal y como asimismo vimos cuando revisamos los preparativos de la guerra que realizaban los tarascos.
Y en cuanto a su modo de combatir, el cronista texcocano añade: “La orden y manera de su pelear era, principalmente, con rodela (escudo redondo y delgado que solían cargar con la mano izquierda) y macana guarecida de navajas o pedernal, con que daban grandes cuchilladas” a sus enemigos. También usaban “picas (lanzas) con puntas de pedernal, y arcos y flechas”. Pero éstas últimas, por ser arrojadizas, sólo eran utilizadas antes de que se trabara la lucha cuerpo a cuerpo, con las rodelas y con las macanas, porque “peleaban de pie con los enemigos, y porque, como ya se ha dicho, procuraban haberlos (capturarlos) vivos a fin de sacrificarlos” (a sus dioses después). Y no era sino por pura necesidad que los llegaran a matar, ya sea en defensa propia, o porque no hubiera quien les ayudara para capturarlos.
Pero, finalmente, en cuanto a la guerra que nos interesa en este momento, Pomar sólo anotó lo siguiente: “(Y así fue como lograron tener) sujeta casi toda la tierra… hasta cerca de Guatemala…, salvo a Michuacan, porque como nación valerosa y de gran provincia (los ejércitos de la Triple Alianza), no pudieron sujetarla, antes (por el contrario) vinieron de allá rompidos (sic) una vez que intentaron entrar en ella”.

DESCRIPCIÓN DEL ESCENARIO.

En este sentido es claro también que Pomar redujo a un solo momento el largo conflicto que en su rivalidad mantuvieron los mexicas contra los michoaques, pero tal y como se los advertí al final del capítulo anterior, las crónicas que revisó fray Diego Durán, y las entrevistas que seguramente realizó para complementarlas, le dieron pie para ser mucho más explícito a la hora de diferenciar los momentos y describir los detalles, como veremos a continuación: 
En el encabezado del capítulo número XXXV de su “Historia de las Indias de la Nueva España e Islas de la Tierra Firme”, este otro cronista franciscano dice: “De como los de Tenanzinco pidieron socorro a los mexicanos contra los de Toluca y Matlazinco, y de cómo se les envió y fueron destruidos”.
Pero como la ubicación geografía de los matlazincas es, sin embargo, incluso hoy, desconocida para la mayoría de los mexicanos, elaboré un croquis que aquí anexo, y me detendré un momento para describir brevemente esa región, con el propósito de que los lectores que desconozcan el área ubiquen el escenario de las acciones bélicas que estamos tratando de revisar:
Tomando como referencia el lago de Texcoco, en cuya parte centro occidental se hallaba México-Tenochtitlán, yendo directamente hacia el Sur, y luego de pasar por la Sierra del Ajusco, llegaríamos a Cuauhnáhuac (hoy Cuernavaca). Pero yendo hacia el Suroeste desde México-Tenochtitlan, llegaríamos al valle de Toluca.
Una vez puestos allí, caminando hacia el norte, llegaríamos primero a Tamoaya, luego a Xiquipilco y un poquito después, cargándonos ligeramente al Noroeste, a Xocotitlan. Mientras que yendo desde la antigua Toluca hacia el Sur, como con rumbo a Taxco, en primer término nos encontraríamos con Tenango (hoy Tenango del Valle), y luego con Tenanzinco (o Tenancingo), que en una línea digamos horizontal, estaría más o menos a la altura de Cuernavaca. Mientras que no demasiado lejos de Toluca, hacia el Poniente, estaban (y siguen estando) Zitácuaro y Taximaroa (Ciudad Hidalgo), ya bajo el dominio michoaque. Siendo toda esa área, pues, el escenario en que se desarrolló la guerra que luego habría de involucrar a los tarascos, y de rebote incluso a los colimecas.

UNA VISIÓN MÁS DETALLADA.

Continuando con la narración de fray Diego Durán nos dice que, en la época que estamos reseñando, Toluca y Matlatzinco se contaban “como una sola provincia”, y que “reinaban o eran cabeza de ellos dos señores muy valerosos y de mucha autoridad, que se llamaban, el uno Chimaltecutli, que regía la parcialidad de Toluca, y el otro se llamaba Chalchiuhquiauh, que regía la parcialidad de los matlatzincas”… En tanto que “en Tenantzinco gobernaba un señor que se llamaba Tezozomoctli”.
Colateralmente quiero precisar que, según un colega del Estado de México, “matlazincas era el nombre que los aztecas daban a unos pueblos que, según fuentes antiguas, entre sus quehaceres se dedicaban a tejer redes”. En tanto que, atenidos a la posición geográfica que esos pueblos tenían entre el reino mexica y el reino michoaque, “los tarascos les decían ‘pirindas’, que en ese idioma quiere decir ‘los de en medio”. Dato que me parece incluso exacto.
Volviendo al relato de fray Diego Durán, dice asimismo que “el (señor) de Toluca tenía tres hijos muy valientes, mozos atrevidos y osados para acometer cualquier cosa por ardua que fuese”, y que Tezozomoctli “tenía otros tres o cuatro mancebos que no menos presumían de su gentileza y gallardía”.
Y el caso fue que “entre estos mozos empezó a haber cosquillas y envidias y a tener bandos y contiendas, todo fundado en niñerías”. Pero como “los tolucanos” (sic) empezaron a decirle a los otros que les harían la guerra, el señor de Tenantzinco, viendo que el padre de aquéllos no les ponía freno, y hasta parecía darles “su consentimiento”, reunió a los viejos del pueblo y, habiendo tomado consejo de ellos, “se fue a México él en persona, y puesto ante el rey Axayácatl, le contó todo lo que con los señores de Toluca le pasaba y la mala vecindad que le hacían, corriéndole (o metiéndose a) sus tierras y amenazándolos muy a menudo. Suplicándole que como él era vasallo de México, tomase aquella injuria como propia y le favoreciese y le prestase ayuda contra ellos”.
Cuenta que el rey lo consoló, le dijo que estaría al pendiente del asunto, y le regaló de paso una “rodela y una espada muy galanas”.
Inmediatamente el cronista añade algo muy significativo: que “las niñerías” acabadas de mencionar, terminaron dando pie a la guerra cuyo análisis nos ocupa, pues dice que: “Ido Tezozomoctli”, Axayácatl se quedó “ocupado en edificar el lugar” en donde colocarían una gran piedra, “muy bien labrada” que le serviría como “mesa para sus sacrificios y oblaciones”, mientras que unos excelentes canteros se afanaban por terminar la que se convertiría en la famosa ’Piedra del Sol’. Y que estando en esas labores, se le ocurrió buscar el modo de aprovechar las quejas de Tezozomoctli para conseguir las víctimas propicias que se necesitarían los días que, en diferentes fechas, se tenía previsto  ‘consagrar’ dichas piedras, y que, para ello fue con Tlacaélel, su más viejo y principal asesor, a exponerle el asunto.
Tlacaélel era, desde mucho tiempo atrás, quien detentaba el cargo de ‘Cihuacóatl’, que era el segundo puesto de gobierno más importante del reino mexica. Traducido directamente ese nombre significa “Mujer Serpiente”, pero no he podido encontrar ninguna explicación del motivo por el que se le llamaba así.
Muy al margen de esa duda, el caso fue que el astutísimo Tlacaélel, aconsejó al novel monarca poner una trampa a sus enemigos mediante una solicitud de servicio. Pues dice Durán que, una vez terminada esa entrevista, Axayácatl “envío sus mensajeros a los dos señores de aquella provincia (se refiere a los matlatzincas), haciéndoles saber” que, como él estaba ya casi listo para colocar aquellas dos grandes piedras ‘sagradas’ “en su templo y santuario”, necesitaba que “de favor” le enviaran desde Toluca y sus alrededores, “madera de cedro y de pino” para cubrir las piezas en donde se hallarían. 
Pero los mensajeros llegaron, según eso, con altanería. De tal modo que cuando los escuchó “el señor de Toluca, les respondió: ‘más parece que venís a mandarnos que a pedirnos (un favor)”. Pero que, por cubrir las apariencias, les indicó que lo esperaran mientras consultaba con sus propios consejeros, quienes, sintiendo que su provincia era suficientemente fuerte, le dijeron que no tenían por qué acatar semejantes órdenes.
Y sigue diciendo Durán que cuando los mensajeros volvieron a México con esa respuesta, Axayácatl, acostumbrado a imponer sus caprichos, se encolerizó y mandó traer a Tlacaélel, a quien transportaron “en andas porque ya era muy viejo”, y que él, “con rostro sosegado, le respondió: ‘Hijo, no te alborotes’.
El complemento de esa respuesta contiene, desde mi perspectiva, la causa de lo que finalmente ocurrió, y con base en ello lo transcribiré, aclarándolo lo mejor que pueda: 
“Has de saber – le dijo Tlacaélel al joven Axayácatl-, que desde que gobernaba mi hermano Moctezuma Ilhuicamina (1440-1469), viendo que los matlatzincas se pudiesen eventualmente coaligar con los michoacanos y nos pudieran dar un sobresalto y un sinsabor, yo fui del parecer de que se sujetara y sometiera a esa provincia (pero no se atendió mi sugerencia). Por lo que esto que tú ves ahora, de que no nos temen ni nos quieren obedecer, deriva de no haberlos sujetado entonces. Por lo tanto, valeroso mancebo, quiero ver yo, antes de morir, que tú sujetes esa provincia a la mexicana, como están sujetas las demás”.
Una vez recibido este consejo, que en realidad era una orden, puesto que Tlacaélel era el verdadero “Poder tras del trono”, Axayácatl, monarca novato, mandó a sus generales hacer todos los preparativos para salir a guerrear, y envió, de entre los nobles, algunos  mensajeros a los reyes de Texcoco y Tacuba, y a mensajeros ordinarios a los caciques de las otras provincias cercanas, solicitándoles acudir a México, “para tratar con ellos un asunto de suma importancia”.
No sé cómo pudo haberse llevado a cabo aquella  extraordinaria asamblea, pero Durán nos da a entender que cuando Axayácatl tomó la palabra, lo hizo para poner a sus aliados en antecedentes de lo que había pasado con los “tolucanos”, y para decirles que “quería ir a castigar la inobediencia de los matlatzincas y traer esclavos para hacer la estrena de las piedras y mesas del templo que había hecho para los sacrificios”. Decisión sobre la que “los reyes y los señores dijeron que les placía, y en llegando a sus tierras, mandaron apercibir sus gentes con toda la priesa (prisa) posible”.
Por lo que ya nos podemos ir comenzando a imaginar lo que sucedió.
Continuará.
PIES DE FOTO.- 
1.- Éste era, aproximadamente, el territorio matlazinca, por el que michoaques y mexicas y sus respectivos aliados peleaban. Y tal vez por eso los michoaques les decían a los matlazincas: “pirindas”, que en su lengua quiere decir “los de en medio”.
2.- Tlacaélel, nacido hacia 1398, fue, durante 45 años, el verdadero “poder tras del trono mexica”, y aconsejó a Axayácatl (en 1475), sujetar a los pueblos matlazincas. 
3. - Una causa asociada a la realización de esta guerra, fue que Axayácatl quería conseguir una gran cantidad de víctimas para sacrificar “el día de la estrena” de una nueva y gran piedra que había mandado labrar.
4.- En una de las láminas del también llamado “Códice Durán” aparece Axayácatl (izquierda) peleando contra el jefe de los matlazincas, que lo hirió en una pierna.
 















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Vislumbres Preludio de la Conquista Capitulo 32; "De la rivalidad de Axayácatl y Tzictzipandácuare"

VISLUMBRES
PRELUDIOS DE LA CONQUISTA
Capítulo 32
Profr. Abelardo Ahumada González

DE LA RIVALIDAD QUE MANTUVIERON AXAYÁCATL Y TZICTZICPANDÁCUARÉ Y DE LO QUE SUCEDIÓ A CAUSA DE ELLA.

Intencionadamente acomodé este subtítulo conforme a la usanza de algunos de los cronistas del siglo XVI, porque me pareció que, debiendo yo hablar un poco de ellos, tendría que hablar también un poco como ellos. 
En este tenor, pues, una vez más he comentar que “La Relación de Michoacán” es muy escueta para exponer cómo fue que “en tiempos del abuelo del cazonci” Tzimtzicha hubo una guerra  entre michoaques y mexicas y entre aquéllos y los colimecas. 
Y todo esto lo afirmo puesto que, con una redacción muy deficiente, sólo dice:
“Tzitzicpandácuare hizo algunas entradas hacia Toluca y Xocotitlan, y le mataron en dos veces diez y seis mil hombres… Otras veces traía cautivos… Otra vez vinieron los mexicanos a Taximaroa y la destruyeron en tiempo del padre de Motezuma… y Tzitzicpandácuare la tornó a poblar… Y tuvo sus conquistas hacia Colima y Zacatula y otros pueblos, y fue gran señor, y después dél (sic) su hijo Zuangua ensanchó mucho su señorío”.
Las referencias temporales son únicamente dos, y vagas, pero bastan para correlacionar a Tzitzicpandácuare como el abuelo de Tzimtzicha, y a Axayácatl, como padre de Moctezuma Xocoyótzin, al que conoció Cortés.
De conformidad con diferentes crónicas, Axayácatl habría sido el azteca más joven al asumir el poder (con 19 años), y  se le ubica gobernando entre 1469 y 1481. Justamente en los tiempos en que estaba empezando su más notable periodo de expansión el “reino” mexica, y cuando, según la versión que sobre la “Cronología de los Aztecas” publicó el INAH, en el # 13 de la revista “Arqueología Mexicana”, fueron conquistados “Tlatelolco y otros 37 pueblos, aunque algunos como los purépechas, lograron resistir”.
Con base en todos estos datos la temporalidad de la guerra teco-tarasca ya estaba bien definida, por lo que no vi la necesidad de darle más vueltas a ese detalle, aunque, por otra parte, me pareció evidente que los viejos con los que conversó fray Jerónimo de Alcalá no tenían ni la más mínima idea sobre las causas de tan sangrientas batallas, ni sobre las implicaciones o consecuencias que éstas habían tenido.
Al llegar a este punto la duda fue si habría otras fuentes michoacanas que nos dieran mayor luz sobre el tema. Pero con lo único que me encontré fue con lo que nos habían dicho don Eduardo Ruiz, en su libro “Michoacán, paisajes, tradiciones y leyendas”, publicado en 1891, y don Nicolás León, en “Los tarascos. Notas étnicas y antropológicas comprendidas desde los tiempos precolombinos hasta los actuales, colegidos de escritores antiguos y modernos, documentos inéditos y observaciones personales”, publicado en 1904, en el sentido de que las fuentes michoacanas más antiguas conocidas por ellos eran la “Historia de la Provincia de San Nicolás Tolentino de Michoacán”, escrita entre 1650 y 1673, por el fraile agustino Diego Basalenque, y la “Crónica de la provincia de los Santos Apóstoles S. Pedro y S. Pablo de Michoacan”, del franciscano fray Pablo Beaumont, entre 1765 y 1770. Obras ya relativamente lejanas del escenario y la época de los acontecimientos narrados. Por lo que me pregunté si no habría otras, no necesariamente michoacanas, más cercanas a la obra recopilada por fray Jerónimo de Alcalá, entre 1539 y1541, que nos dieran más luz sobre lo que ocurrió en aquél momento. 

LA EXISTENCIA DE OTRAS “FUENTES ORIGINALES”

La respuesta en ese tenor era positiva, pero recordando que  en el “Prólogo” que fray Jerónimo dirigió al primer virrey de la Nueva España había un párrafo que desde un principio me pareció un buen indicador. Volví a leerlo, y aquí se los transcribo libremente a ustedes: “Recopilé esto no nada más para que se entere usted de la gobernación que tenían estos indios, sino para que  aprovechen su conocimiento los religiosos que vengan a entenderse de su conversión.”
Párrafo que a mí me dijo lo menos un par de cosas: que él, para cumplir el encargo del virrey había escrito una copia para el funcionario, pero que, evidentemente se había quedado con otra. Ambas en castellano. Y que independientemente de que hubiera una más, escrita solamente en purépecha, su intención seguía siendo válida: que tuvieran acceso a ella (y al conocimiento del idioma) los demás misioneros que sucesivamente fueran llegando a los conventos franciscanos de Pátzcuaro y Tzintzúntzan.  
Por otro lado sabía que fray Bernardino de Sahagún, ya muchas veces citado aquí, había tenido similar propósito desde que empezó a tomar los primeros apuntes de lo que finalmente fue su monumental “Historia general de las cosas de la Nueva España”, y que había varias otras obras similares, a las que, sin embargo, no había tenido yo acceso, y decidí darme la oportunidad de hacerlo.
Pero en el momento en que me decidí a emprender dicha búsqueda (1995), recordé que el padre Abelardo Bailón, un gran maestro de Filosofía que tuvimos en el Seminario Regional del Norte, nos aconsejó  que si quisiéramos “estudiar algo a fondo”, no leyéramos “ni compendios ni tratados, sino las fuentes originales en los idiomas originales, porque las traducciones y los investigadores a veces tergiversan las ideas”. 
Y yo, que nada sé de náhuatl, entendí que las obras que debería buscar tendrían que ser en castellano del siglo XVI. Pero ¿cuáles eran (o podrían ser) las fuentes originales en este preciso caso y asunto?
Por aquellos días yo ya no era director de la Biblioteca Central “Profesora Rafaela Suárez”, pero los bibliotecarios seguían siendo mis amigos y me permitieron revisar los cajones en que ordenadamente estaban los catálogos existentes, y me encontré, en primer término con el “Códice Ramírez”, los “Anales de Tlatelolco”, los “Anales de Cuauhtitlán”, la “Historia tolteca-chichimeca”, de autores anónimos, transcritos en náhuatl, a partir de “los libros pintados que tenían los indios”, y algunas historias particulares fundadas asimismo en fuentes indígenas, pero narradas directamente en castellano que, muy cerca respecto al inicio de la conquista, escribieron, entre otros: fray Toribio Paredes de Benavente, Motolinía, con su “Historia de los indios de la Nueva España”, fechada, según dice George Beaudeau, en 1541; fray Diego Durán, con su “Historia de las Indias de la Nueva España e Islas de la Tierra Firme”,  concluida hacia 1587, en Tehuacán; a fray Juan de Torquemada, y su “Monarquía Indiana”, escrita entre 1590 y 1612, año éste en que fue registrada en Sevilla para su publicación; y otras fuentes fundamentales escritas por mestizos como la “Relación de Texcoco”, de Juan Bautista Pomar, pergeñada, asimismo, entre 1581 y 1582, o como la “Crónica Mexicáyolt”, de Fernando Alvarado Tezozómoc, terminada también hacia 1598.
Pero en 1997, cuando apenas le estaba, como se dice, “hincando el diente” al interesantísimo libro de fray Diego Durán, en edición especial por el Banco de Santander, ocurrió que por haber publicado yo una serie de artículos que criticaban al candidato oficial a la gubernatura estatal, mi jefe en la Secretaría de Educación, subordinado obsequioso de aquél, decidió correrme de la oficina en que trabajaba y con un desplante vengativo de su “poder”, me mandó de regreso al aula donde había estado, creyendo que con eso castigaba mi actitud como disidente.

LA INVESTIGACIÓN SE POSPUSO PARA MEJORES TIEMPOS.

La “suerte”, pues, me llevó de nuevo a las aulas de una escuela rural y aquel primer intento de investigación en las mencionadas “fuentes originales” tuvo que ser pospuesto, aunque nunca dejé de leer todo lo que me pudiera encontrar sobre la historia (y un poco de la literatura) de Colima.
La diversión que eso me daba se prolongó durante más de dos décadas, y aunque todas esas lecturas eran “sin ton ni son”, y se realizaban conforme fuera encontrando cada uno de esos libros, sin que importara el tema, poco a poco se fue configurando en mi mente una especie de índice, éste sí temático, que me llevó, hace apenas 32 semanas, a iniciar esta recapitulación que tal vez equívocamente titulé “Preludios de la Conquista”, pero que más adelante se verá que no es tan desatinado, porque cuando concluya el libro expondrá la situación que prevalecía en el área en el momento en que los hispanos empezaron a borrar, incluso sin querer, todos los vestigios de lo que ahora estamos tratando tan penosamente de reconstruir.
Al finalizar el 2010, la jubilación como profesor rural federal me cayó en este otro sentido “como anillo al dedo”, porque finalmente volví a tener calma y oportunidad para estudiar un poco más, pero luego cometí el error de convertirme en una especie de articulista y reportero de tiempo completo y me volví a restringir la oportunidad de estudiar, hasta que, en noviembre de 2015 me corrieron del periódico en que colaboraba y, habiendo así quedado ya libre de tan arduas obligaciones, reencamine las investigaciones diferidas. Y aquí me tienen hoy, comentándoles por ejemplo que, en el “Libro Segundo” de la “Monarquía Indiana”, se habla, aparte de los rituales que los mexicanos realizaban a sus dioses, de “las guerras que estas gentes tuvieron entre sí, unos con otros, y variedad de gobierno que alcanzaron”. 
Mencionando su autor (Juan de Torquemada) que todo eso y más lo supo  “según las pinturas que los más curiosos de estos indios tenían y yo al presente en mi poder tengo”. Así que ¿qué testimonio más directo y qué mejor fuente original me podría yo encontrar?
Pero, para no meternos en embrollos y no hacer más largo este relato, ¿qué es lo que dicho libro refiere o menciona sobre el encontronazo bélico que aparentemente hubo entre Axayácatl y Tzitzicpandácuare?
La verdad es que dice muy poco, o indica demasiado pero con muy cortas palabras. Pero lo que sí señala es que durante el “sexto año del reinado de este rey tembló la tierra y fue tan recio el temblor que no sólo se cayeron muchas casas, sino que los montes y sierras en muchas partes se desmoronaron y deshicieron. (Y que) después de este espantoso terremoto venció a los ocuiltecas (e…) hizo guerra a los chichimecas u otomíes de la provincia de Xiquipilco. Cuyo señor se llamaba Tlilcuetzpalin y enmedio de la batalla quiso señalarse Axayacatl, y Tlilcuetzpalin le acometió con grande ánimo y le dio un golpe en un muslo de que quedó herido”. Volviendo sin embargo el hueytlatoani a México, dándose aires de vencedor.
También añade Torquemada que: “Un año después hubo un eclipse de sol. (Que Axayácatl) hizo señor de Xalatlauhco a Mozauhqui, pagándole con esto los buenos servicios que al imperio había hecho en las guerras en que tan valientemente había probado. Cautivó de los xiquipilcas once mil sesenta (soldados) y fueron muertos de los mexicanos ciento y seis. Volvió con esta gran victoria, y después que sanó de la herida del muslo hizo junta de muchos señores y principales, así del reino de Tetzcuco (Texcoco) como del de Tlacupa (Tacuba) y todas las demás provincias comarcanas, y en un gran convite que les hizo fue muerto Tlilcuetzpalin, señor de Xiquipilco (que fue el que lo hirió) y con él murieron juntamente los otros dos capitanes que le ayudaron”.
Y por último, sin señalar el año, agrega: “Volvieron a hacer guerra a los matlatzincas, y fue a Toluca y a Tlacotepec que está junto de este pueblo, y prendió, por su persona, dos valerosos soldados con sus mujeres y sus hijos; aunque en esta guerra murieron muchos mexicanos y aculhuas (o texcocanos)”.
Sobre este punto no debemos olvidar que el grupo dominante de los michoaques se seguía autonombrando “chichimeca” y que, los chichimecas y los otomíes que poblaban la provincia de Xiquipilco eran tributarios del Cazonci Tzitzicpandácuare. Quien inevitablemente se sintió afrentado por la osadía que habían tenido los mexicanos de invadir alguna porción de los que consideraba ser sus dominios. 
Y sobre el tercer ataque es de notar el dato de que una vez más atacaron a otros aliados y tributarios del Cazonci: los matlatzincas, y que, si bien Axayácatl logró capturar a dos valerosos soldados del bando enemigo, el cronista señala que murieron muchos de los suyos. Lo que vendría a ser una dolorosa pero disimulada derrota.
Colateralmente, Hernando (o Fernando) Alvarado Tezozomoc, nieto del emperador Moctezuma II y bisnieto de Axayácatl, en su “Crónica Mexicáyotl”, y con una especie de “sabor” muy suyo, en el que maneja una singularísima mezcla híbrida de números y calendarios, precisa que:
“En el año 3-casa, "1469 años", fue cuando se asentó por rey el señor Axayacatzin (o Axayácatl), rey de Tenochtitlan, en el día 11-lluvia del cómputo diario, o sea el "11 de Agosto", hijo éste de Huehue Tezozomoctli, príncipe de Tenochtitlan, hijo éste, según se dijera arriba, de Itzcoatzin (o Itzcóatl)”. 
Y así ya podemos entender que el sexto año de su reinado, cuando por primera ocasión agredió indirectamente a los michoaques fue en 1475, y que la segunda, más directa, la efectuó un año después, invadiendo hasta Xiquipilco y Toluca, y que la tercera fue “la definitiva”, no sólo porque los purépechas le hayan infligido una gran humillación delante de sus aliados, sino porque ya no pudo recuperarse y al poco tiempo murió.
Colateralmente, aun cuando en “La Relación de Michoacán” se dice que 
Pero fray Diego Durán es mucho más explícito en los detalles. Y le dedicaré una buena parte del próximo capítulo.

(Los dos mapas llevan un solo pie para los dos)

1.- A pesar de ser muy fidedigna la obra del padre Basalenque, buscamos otras más antiguas que, por ser más cercanas a los acontecimientos que estamos comentando, nos dieran más luz sobre la guerra que sostuvieron los mexicas contra los michoaques.
2.- Las crónicas mexicas son mucho más abundantes y tienen como complemento fundamental “los libros pintados que tenían los indios”, que como si usaran los actuales logotipos, nos dicen, por ejemplo, que Axayácatl significa “el de la máscara de agua”.
3 y 4.- Si se observan comparativamente ambos mapas (sacados del número 13 de la revista Arqueología Mexicana) se verá cómo durante el tiempo de Axayácatl los mexicas buscaron expandirse hacia el occidente, invadiendo territorios de pueblos aliados o tributarios de los michoaques.

















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miércoles, 3 de febrero de 2021

Aquí te decimos como iniciar el Registro de Adultos Mayores para "recibir gratis" la vacuna anticovid

AQUI TE DECIMOS COMO INICIAR EL REGISTRO DE ADULTOS MAYORES PARA RECIBIR LA VACUNA ANTICOVID, COMPLETAMENTE GRATIS


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Aquí te decimos cómo registrarte. 

Por ello, las autoridades hicieron un llamado a las personas cuyos familiares se encuentren entre en los rangos de edad previamente descritos, para ayudarles a completar el registro y promover la página agendar las citas personalizadas. 

A manera de ratificación escuchamos en la mañanera del dos de febrero donde alertan a la población sobre llamadas de algunos delincuentes que piden dinero para tener derecho a ser vacunados contra el covid-19; no hagan caso. 
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Ahora les describimos los pasos a seguir.

¿Cómo puedo registrarme? 

Introduce tu CURP. 
En caso de que no la conozcas o no la tengas a la mano, la puedes consultar en esta página.
 
Verifica que tus datos sean correctos. 
Selecciona la opción “Quiero vacunarme”. 
En caso de que los datos no coincidan, presiona “Regresar” y confirma los datos de la CURP que ingresaste. 
Selecciona la entidad y municipio donde actualmente estás viviendo. 
No importa si el domicilio no coincide con tu identificación, lo importante es saber dónde te ubicas actualmente para registrarte en el centro de vacunación más cercano. 
Agrega el código postal, si lo conoces. Ingresa el teléfono (ya sea el tuyo o el de tus familiares. 
Procura que sea uno en el que puedas atender la llamada. 
Además, éste deberá contener 10 dígitos obligatorios. 
En notas de contacto puedes agregar más detalles como el horario al que prefieres que te llamen o si el teléfono es de algún familiar o amigo. 
Da click en “Enviar” Una vez que te aparezca el siguiente mensaje, da click en “Guardar” y tu registro estará completado.
Luego de que finalice el registro, espera la llamada de tu servidor de la nación. 
Cuando se pongan en contacto contigo se te proporcionará la fecha y el lugar donde podrás acudir a vacunarte. 
Recuerda, nadie puede pedirte dinero o datos bancarios, la vacunación es totalmente gratuita. 
Toma en cuenta que el horario de operación de la plataforma es de 08:00 de la mañana a la medianoche, de lunes a domingo. 
El día de tu cita: Llega a tu centro de vacunación con 15 minutos de anticipación, sólo debes llevar tu identificación oficial, como tu credencial del INE. 
* Preséntate con los servidores de la nación, ellos registrarán tu asistencia para que pases al área de espera. 
* El personal de salud te aplicará la vacuna. 
* Pasarás al área de observación durante 30 minutos. 
* Una vez concluidos los 30 minutos podrás retirarte del centro de vacunación. 
* Si la vacuna que te aplicaron es de dos dosis, te contactarán nuevamente para indicarte la fecha y lugar de la aplicación de la segunda dosis. 

  






Información adicional

Inicia registro nacional de adultos mayores para recibir vacuna

Al detallar la fase de preparación para inmunizar a personas adultas mayores, el coordinador de Estrategia Digital Nacional de Presidencia de la República, Carlos Emiliano Calderón Mercado, informó que se puede acceder a través de vacunascovid.gob.mx, es importante que tengan a la mano su Clave Única de Registro de Población (CURP), teléfono y correo electrónico de contacto.

A su vez, el director general de Tecnologías de la Información de la Secretaría de Salud, César Vélez Andrade, presentó el proceso para que las personas adultas mayores hagan su registro en https://mivacuna.salud.gob.mx, construido en formato electrónico amigable.

La concentración de los datos permitirá al Gobierno de México afinar la planeación, con el propósito de que las personas adultas mayores reciban la vacuna en las mejores condiciones posibles, a través de cita y cerca de su domicilio.

En las zonas donde se carece de internet, el registro se llevará a cabo mediante el despliegue de personas servidoras de la nación o desde los centros integradores.

Posterior al registro, las personas adultas mayores deberán esperar la llamada de servidores de la nación, quienes notificarán fecha, lugar y hora de vacunación; habrá una segunda llamada en caso de que el esquema conste de doble dosis.


Finalmente, el subsecretario Hugo López-Gatell Ramírez hizo un llamado a la población para atender únicamente fuentes oficiales. Señaló que no existe ninguna otra plataforma autorizada para convocar al registro de vacunación y exhortó a no dejarse engañar por páginas electrónicas falsas.

“Pueden estar seguros de que recibirán las mejores vacunas, tenemos un portafolio amplio.”

En México, la vacuna contra COVID-19 es totalmente gratuita, por lo que no se solicita pago alguno ni datos de cuentas bancarias.

La mejor vacuna es cuidarnos mutuamente.












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